La alegría del Espíritu



Nos queda un día menos para la Romería. Se va aproximando la hora esperada por los rocieros. Parece que el corazón nota un cosquilleo especial, distinto al de ayer, diferente al de días pasados y menos acelerados que los días que están por venir.

Los días que faltan harán que el bombeo del corazón modifique su actividad a medida que nos acercamos al Lunes de Pentecostés. Todo es más alegre, la Vida ha recobrado la Luz, Dios se ha recreado en el Amor y nos lo ha dado para siempre.

Estamos a las puertas de un acontecimiento único. El Espíritu de Dios nos fue entregado hace veintiún siglos, sin embargo, no todos los cristianos han sentido que ellos también poseen este don.

El Rocío es lugar propicio para recibirlo, para experimentar su fuerza en el corazón, para verlo descender en forma de Paloma y acogerlo como la gran promesa que Jesús nos hizo antes de partir para siempre a la derecha del Padre.

No desaprovechemos este gozo, esta es la alegría de la que nos habla el apóstol San Pablo en su carta a los Filipenses “Que nada ni nadie os robe vuestra alegría”. Es la fiesta del corazón y se nos da a todos por igual.

Los rocieros somos el reflejo de este regalo que Dios nos hace, hemos sido llamados a llevar la alegría de Dios al mundo, no provoquemos tristezas, la alegría es tan necesaria como el aire que respiramos. Cerremos heridas abiertas, llevemos sonrisas por doquier, levantemos a los caídos con la ayuda de nuestras manos y el consuelo de palabras que estén cargadas de fortaleza.

“Todo lo puedo en aquel que me fortalece”, seguiría diciendo Pablo a los hermanos de la comunidad de Filipo y nuestra comunidad rociera debe hacer suya ésta frase como si le hubiera sido dirigida aquí y ahora, para trasladar a todo ser viviente la alegría del Dios Resucitado que todavía tiene para darnos su Espíritu creador.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es