Hablando del Rocío…



Hablando del Rocío, Mare,
se me va el tiempo,
que es la pasión más grande, Mare,
que llevo dentro


Así están las cosas. Así la realidad de lo cotidiano de mi vida. La Virgen del Rocío suele ser el centro de mis conversaciones y no sé cómo se las apaña, porque cuando los temas que me ocupan no tienen nada que ver con el Rocío, acaba apareciendo como por arte de magia.

Es protagonista de mi casa, de mi trabajo, de reuniones de amigos, de llamadas telefónicas que acaban derivando en su Nombre…

Y cuando quiero darme cuenta se me va el tiempo, como dicen las sevillanas, hablando del Rocío, de lo desconocido que es a pesar de todo.

De tantos aciertos como vamos descubriendo que Dios tiene con nosotros, sin la más mínima duda, el más grande que tuvo conmigo fue hacerme parte del rebaño de la Virgen del Rocío, por la que me bebo los vientos y con la que comparto absolutamente todo cuanto pienso, digo y hago. La noto pegada a mí como la piel, por eso me duele tanto cuando alguien pretende abrirle heridas.

Creo que es tan grande la responsabilidad que tenemos como rocieros que todo lo que hagamos en pro de nuestra devoción siempre será poco y estamos obligados, desde todos los estamentos en donde haya un rociero, a cuidar hasta el más mínimo detalle de lo que alrededor de la Virgen del Rocío se mueve.

Desde las Juntas de Gobierno, donde no puede haber ni un ápice de intereses propios, donde no se pueden mezclar los temas personales con la Hermandad que se representa porque es esta la que recibe el peor daño. Desde la posición de hermano, siendo uno más para lo que haga falta. Desde los lugares en los que estudiamos, trabajamos, convivimos… Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos se nos tiene que ir el tiempo haciendo Rocío. Porque hablarlo es una cosa y hacerlo es otra muy distinta. La primera parte anima y engancha pero la segunda, directamente, nos toma para siempre.

Que la Virgen del Rocío nos ayude a todos a pensarla, a contarla y a vivirla, haciendo el Rocío Evangelizador que nos enseñó el que lleva en sus manos.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es