Y tú, ¿qué esperas de mí?



A menudo nos acercamos a la Virgen del Rocío a rogarle, a implorarle su atención. Le damos gracias cuando estamos contentos por algo, cuando hemos conseguido lo que ansiábamos por su mediación.

A menudo la buscamos y hasta le suplicamos que nos hable.

Y le hablamos y le hablamos…

Pues... cómo te diría, si Tú lo sabes todo, Madre. De ti lo espero todo, Madre. Espero que no me dejes nunca, que no me sueltes de tus manos, que no me abandones, que no dejes de cuidarme como siempre lo has hecho y como lo sigues haciendo, que si me alejo de Ti, Tú vengas a tomarme de la mano y a incorporarme de nuevo en el camino que me enseñaste.

Espero de Ti que me sigas queriendo. Espero de Ti que, con ese amor de Madre con el que puedo superarlo todo en esta vida, sigas enseñándome a orar, a perdonar y a pedir perdón, a ser humilde, a caminar, a ser yo misma, a darme a los demás con sincera entrega...

Espero de Ti que fortalezcas cada día mi Fe.

De ti lo espero todo porque Tú lo eres todo para mí y te necesito siempre…

Pero no escuchamos, casi nunca escuchamos. Y por eso hoy, cuando hayamos soltado todo lo nuestro, podríamos ser valientes y preguntarle y después callar por fuera y por dentro, callar hasta escuchar su respuesta después de decirle:

Y Tú, Madre, ¿qué esperas de mí?...

Y entonces guardar silencio y en el silencio reconocer su voz.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es