Tan clara como el agua




Hoy es uno de esos días especiales para encomendarle a la Santísima Virgen del Rocío que seamos personas humildes de corazón, transparentes y claras como el agua. Y seguramente, más de uno pensará lo que yo misma pienso, que esto es fácil decirlo pero queda lejos ponerlo en práctica. Y seguramente, diréis que no hay gente que lo haya conseguido al cien por cien. Pero os puedo garantizar que hay quien lo consiguió hasta su último suspiro, y su forma de vida y su ejemplo de virtudes fueron tan válidos en su época como lo son ahora en la nuestra.

Hoy celebramos el día de Santa Clara de Asís, de quien se decía que era “Clara de nombre, clara en la vida y clarísima en la muerte”. Mucho se podría decir de ésta mujer de Dios, que desde muy niña se guardó para Él, soportando dolorosas pruebas que superó con la ayuda de aquel al que se entregó.

Pocas virtudes se le escapan, porque en su corazón Dios quiso derramar abundantes dones que ella siempre puso al servicio de los demás. Fue cofundadora, junto a San Francisco, de las clarisas que, aún hoy, siguen esparcidas por el mundo, orando por las realidades de cada día y llevando al pie de la letra aquellas sencillas Reglas con las que comenzaban su aventura.

Nuestra sociedad actual necesita gente como ella, gente clara, transparente, que no tenga miedo a ir con la verdad por delante, que no se oculte detrás de ninguna máscara; gente sin miedo a ser voz de los sin voz y que dejen su vida de contradicciones por una vida coherente, armoniosa y equilibrada entre lo que cree y hace.

Que el Rocío de nuestra bendita Madre nos inunde el corazón, y nos abra los ojos y los oídos del alma para estar atentos a la llamada del Pastorcito Divino. Que Ella, que es Madre que jamás nos abandona, nos guíe por el camino de la verdad para disfrutar de la verdadera Vida.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es