La importancia de los jóvenes en nuestras Hermandades




En cierta ocasión, me pidieron los jóvenes de la Hermandad del Rocío de La Palma del Condado un artículo para la revista que ellos mismos coordinan y, con agrado y con agradecimiento acepté encantada, pensando en qué tema resaltar con respecto a la juventud rociera.

Y hoy son los jóvenes aquellos en los que centro el editorial de éste día en periodicorociero.es – Periódico digital rociero.

La juventud es esa etapa de la vida en la que muchas personas se esfuerzan en permanecer. Las arrugas de la piel y las canas del cabello, por más que intenten disimularse con cirugías estéticas o tintes para el pelo, no esconden el espíritu con el que se afrontan las cosas, la energía y el ímpetu que se pone en lo que hacemos, y el entusiasmo que dedicamos a cualquier proyecto que se nos ponga por delante.

Hay ancianos con dieciocho años y hay jóvenes con noventa. Pero la juventud, la juventud que tiene perfectamente integrados edad, físico y espíritu, no tiene precio y es como una bocanada de aire fresco que oxigena la vida interna de nuestras hermandades del Rocío.

Sus opiniones pueden parecer, a veces, disparatadas, pero por ello, precisamente, deben ser tenidas muy en cuenta, porque su forma de ver las cosas, de enfrentarse a algunos problemas o de ser resolutivos ante determinadas cuestiones, vienen a complementar a las voces de la experiencia que, de vez en cuando, necesitan ese impulso y esa fuerza para atreverse ante los desafíos con retos nuevos.

Una Hermandad que no presta atención a sus jóvenes es como contratar a un jardinero que, en lugar de cuidar las flores y las plantas que se le han encomendado, se dedica a hacer una instalación de luz eléctrica. Nada que ver con lo que debería estar haciendo, ¿verdad? Pues eso mismo ocurre en el seno de nuestras Hermandades cuando, en lugar de abrirle las puertas a la juventud, de decirles lo necesarios que son para su día a día, de ofrecerles tiempo y espacio para que puedan desarrollar sus habilidades, para poner en práctica sus ideas o para incentivar su alegría, en lugar de todo eso, se les cierra con llave la casa para que no entren a ensuciarla, ni dejen rastro de su alboroto, ni de sus benditas locuras.

Una Hermandad que no presta atención a sus jóvenes no tiene presente y mucho menos tiene futuro.

Los jóvenes son centro del corazón de la Virgen del Rocío, no olvidemos que es un Niño el que ocupa el centro de sus manos, el que ocupa la mirada de sus ojos, el que tiene su atención perenne, el que consigue aliviarle el alma a la Madre de tantas penas y preocupaciones como a veces le llevamos.

Los jóvenes son la fiesta de la esperanza y los resucitadores de los caminos que nos llevan a la Virgen. Sus risas, sus cantes, sus propuestas, su trabajo, su forma de ser y de estar, son pura efervescencia allá donde existe el movimiento rociero.

Ojalá todas las Hermandades del Rocío sepan darle su sitio y, los mayores, estén dispuestos no solo a enseñarles sino a aprender de ellos que nos dan, en tantas ocasiones, impresionantes lecciones de fe, de educación y de amor a la Santísima Virgen.

Que sea Ella quien los acompañe siempre y reciban en todo momento la bendición del Pastorcito, centinela indiscutible de los jóvenes rocieros.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es