Sin prisa pero sin pausa




El conocido dicho “Sin prisa pero sin pausa” es una buena recomendación para esos momentos en los que nos desesperamos ante determinadas cuestiones.

Sin prisa pero sin pausa, es lo que deberíamos llevar a la práctica cuando estamos a la espera, por ejemplo, de que nos llamen para un trabajo; mientras nos citan para la ansiada entrevista, no dejemos de seguir llamando a tantas puertas como podamos.

Sería idóneo no correr por querer llegar antes que nadie a una meta, no se trata de ser el único vencedor, se trata de respetar los tiempos de cada uno, por eso es mejor caminar, con paso firme y decidido, sin pararse, aceptando que no todos nos tomamos el mismo tiempo para las mismas cosas.

Miles de ejemplos podríamos poner al hilo de éste dicho que ha llevado al éxito a tantas personas como se lo han tomado al pie de la letra, quizá porque al vivir sin prisa, han podido disfrutar de cada momento, se han percatado de los cientos de detalles que hay ante nuestros ojos, y saborean cada sorbo de vida.

Correr demasiado no nos permite conocer los atajos del camino, nos deja sin percibir el aroma de las flores que existen a nuestro paso, nos priva de percatarnos del silbido del viento, nos evitan descubrir nuevos rostros…

Es mejor un paso lento y seguro que uno rápido del que nos podamos arrepentir.

Y sin prisa pero sin pausa es como, a mi entender, también hay que estar ante la Virgen del Rocío. No importa si estamos un minuto o tres horas en su presencia, pero cada segundo bajo sus ojos es de un valor incalculable si lo sabemos aprovechar, haciendo que hablar con Ella o quedarnos en silencio tengan la huella espiritual que puede cambiarnos la existencia para siempre.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es