Al rescate de los recuerdos



Cuando se hace una mudanza nos damos cuenta de la cantidad de cosas que llegamos a acumular y también de cuántas podemos prescindir porque no son tan importantes como pensábamos.

Los recuerdos son parte de nuestra vida y cuando son buenos no queremos deshacernos de ellos. Están pegados al corazón y al abrir el libro interior en el que se van escribiendo nos gusta recrearnos en ellos, traer al presente momentos del pasado porque nos refrescan la memoria y nos sentimos muy privilegiados de las personas que aparecen en esas escenas: unas que ya marcharon al regazo eterno de Dios, otras que ahora están mayores y nos ofrecieron lo mejor de sí mismos, y por supuesto aquellas que siguen a nuestro lado.

Tengo claro que mis recuerdos son merecedores de venir conmigo adonde vaya, por más mudanzas que hiciera, incluso los que me produjeron un profundo dolor, como la muerte de algún ser querido, todo es parte de mí y lo rescato de vez en cuando porque es la forma que tengo de mantener vivos a los míos muy dentro de mi corazón.

Con este editorial de hoy quiero homenajear a todas las personas que perdieron su memoria, sus recuerdos… A esas que responden con una sonrisa a la llamada de un hijo pero son incapaces de pronunciar sus nombres ni de llamarlos porque se les olvidaron, igual que se olvidaron de leer o escribir, igual que se olvidaron de rezar por los que se fueron antes que ellos porque preguntan por estos como si siguieran vivos.

Mientras nos queden los recuerdos no nos desprendamos de ellos. Todos nos han llevado a lo que hoy somos. Revivamos con cariño cada página de la historia que hemos ido escribiendo. Por cada una de esas páginas demos gracias al Pastorcito Divino, que nos llamó a ser cristianos y confiemos a la Virgen del Rocío nuestra memoria para que Ella siempre permanezca grabada y como le decimos en la Salve: “Más si mi amor te olvidare, Tú no te olvides de mí”.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es