Las últimas lluvias han dejado huella en mi casa, igual que en otros muchos hogares españoles, humedades, goteras que en cinco años no habían hecho su aparición…Gracias a Dios nada grave que no pueda arreglar el seguro del hogar pese a los inconvenientes de obra y posterior pintura. Viendo imágenes de los desastres que ha causado el agua, no puedo evitar ponerme en el lugar de tantas y tantas personas que han perdido enseres personales, recuerdos de familia, mobiliario, documentos, viéndose, incluso obligados a abandonar sus hogares por temor a que los cimientos de éstos cedieran.
Parece mentira que ese elemento, imprescindible para la vida, y que tanto hemos pedido en este país tras largas etapas de sequía, produzca al mismo tiempo tantas desgracias. Por suerte, salvo excepciones, no ha habido que lamentar desgracias personales y los daños se han limitado a cosas materiales que al fin y al cabo, pese a que nos duela, pueden ser reemplazables.
Hace pocos días celebrábamos la fiesta del Bautismo del Señor. Ese mismo agua que hoy tiene a tantas familias en vilo, mirando al cielo con temor y suplicando a Dios que las lluvias cesen, adquiere una nueva simbología: la de la purificación, la limpieza…
Nosotros, que pedimos, ya a gritos que el sol seque las goteras de nuestros hogares, ¡cuánto necesitamos el agua para las goteras del alma!. Los aguaceros constantes no han permitido que haya podido subsanar las filtraciones de las pareces y techo de mi casa y lo que empezó siendo una pequeña mancha ha crecido considerablemente en las últimas jornadas. Pese a la evolución de las goteras, mi casa sigue en pie.
En nuestro interior, sucede más o menos lo mismo. Podemos tener ciertas fisuras que si no se reparan a tiempo pueden crear verdaderos brechas que pueden afectar a nuestra vida personal hasta el punto de la desesperanza y el desaliento, habituales males en la sociedad de nuestros días.
A través de la Virgen del Rocío, la que rocía nuestras almas pecadoras, muchos de nosotros hemos mantenido nuestra fe a flote, pese a las grietas que de vez en cuando aparecen en nuestros corazones y, sostenidos por Ella, tampoco nos hemos derrumbado.
Los partes meteorológicos siguen anunciando lluvias para los próximos días y tendremos que aceptarlas con buena cara.
Para las cosas de Ella, no hacen falta predicciones, seguirá derramando su caudal desbordante de gracias y siempre inundará nuestro camino de misericordia, piedad y dádivas.

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