¿Por qué a veces los creyentes se acobardan a veces de confesar que lo son?
En este siglo parece ser que lo que está de moda es decir “soy católico pero no soy practicante, no soy creyente...”, se trata de una época llena de avances tecnológicos, la ciencia da pasos agigantados, y aunque parece que el hombre tiene el mundo en sus manos y tiene las manos vacías...
La televisión nos bombardea constantemente con su consumismo, materialismo y sexo, y en ella hay muy poco espacio para Dios y la religión. Si acaso lo hay, suelen ser programas emitidos a unas horas muy tempranas o de madrugada, a horas en las que la mayoría dormimos.
Lo mismo ocurre en los lugares de trabajo, lo digo por experiencia. No es más moderno el que no cree, eso no es cuestión de modernidad. Dios vive con nosotros desde siempre y para siempre, y así para Él no pasa el tiempo.
Cuando comentas cualquier tema religioso en tu entorno de trabajo o en otro ambiente que no es el tuyo habitual, muchos se lo toman a risa, pero yo no me callo.
Especialmente cuando me tocan el tema del Rocío. Recuerdo una conversación con unos compañeros de trabajo que llegaron a decirme “que yo iba al Rocío, como todo el mundo: a hartarme de beber y a pasármelo bien...”, y poco más que me toman por loca cuando les dije que aunque bebiera, bailara o cantara y me lo pasara bien con mi gente, lo principal en El Rocío era La Virgen y El Pastorcito y los actos religiosos que se celebraban en la romería, que yo había tenido la suerte de haber nacido en una familia cristiana y rociera que vivía El Rocío de fe.
Se lo tomaron a risa y aquello me sentó fatal. Nadie tiene que reírse de los sentimientos de los demás, y más siendo yo respetuosa con sus ideas, afortunadamente cada uno es libre de elegir.
Sentí impotencia y rabia, y me sentí dolida. A veces no reaccionas en ese momento porque las ideas se te agolpan en la mente y no puedes articular exactamente las palabras que quieres decir. Pero callarme, nunca. Seguía yo discutiendo para ver quien se cansaba antes. Algunos me decían que era inútil, que allí también se burlaban de otro compañero que era costalero. En fin..., ellos se lo pierden. De todas formas yo seguí insistiendo y les dije que yo respetaba que no les gustara El Rocío, pero si ellos no habían ido a la romería, si no habían visto a la gente rezar con fe y no habían mirado la cara a la Virgen, no estaban en condiciones de opinar, y les pedí respeto. Por ello, creo que nunca más me sacaron el tema (de momento) pero yo seguiría luchando con uñas y dientes por defender mi fe y a mi Virgen del Rocío.
En ese aspecto tengo una personalidad fuerte y estoy convencida de mis ideas aunque me mueva en ambientes diferentes. Creo que no sólo es necesario evangelizar los países pobres y marginados, aquí, en nuestro entorno más cercano pueden haber muchas personas que no han tenido la oportunidad de acercarse a Dios o que por diferentes motivos, no han crecido en un ambiente cristiano. Ahora toca evangelizar aquí también: con nuestro ejemplo, nuestra forma de vida, nuestro comportamiento podemos dar testimonio de fe y estoy convencida de que algunos de los que “dicen que no creen” a nuestro alrededor, los hemos hecho pensar más de una vez y no son del todo tan “no creyentes”.

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