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Las Hermandades pequeñas, qué grande son |
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Escrito por Periódico Rociero / María del Carmen Gutiérrez / Espartinas
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jueves, 15 de julio de 2010 |
Los pueblos tienen a veces algo que no se puede encontrar en las grandes ciudades por mucho que tenga una gran ciudad.
La ciudad te hace muchas veces olvidarte del vecino de al lado, pero eso en un pueblo es casi imposible que pase. Habrá de todo, porque siempre hay excepciones, pero sería más raro.
Empiezo así mi artículo porque el Rocío también se vive muy distinto en un pueblo y en una gran ciudad.
Habrá cosas que sean parecidas, pero la intimidad de las Hermandades de pueblos pequeños, creo que es muy difícil que las puedan vivir las Hermandades que están en ciudades grandes.
En los pueblos, la poca o la mucha gente que tenga una Hermandad, es la que va acompañándola, ya sea en el camino o en la presentación del sábado en el Rocío, o en la procesión cuando la Virgen pasa por delante de ellas. En las ciudades grandes hay mucha gente pero pocos hermanos, la dispersión es más fácil y el ir cada uno a su bola, igualmente.
No quiero decir con esto que sea mejor ser de una Hermandad de pueblo, porque normalmente somos de las Hermandades de donde vivimos o de otras que también tengamos cerca, pero el encanto de los lugares pequeñitos, con una Hermandad del Rocío en la misma medida, te da para recrearte en detalles que de otro modo pueden pasarse por alto.
En este artículo quiero recordar a esas Hermandades que llegan al Rocío con su grupito de hermanos alrededor de su Simpecado, todos juntos, rezándole y cantándole, contentos de ver a la Virgen, de presentarle sus respetos y de seguir teniéndola a Ella por Madre de las alegrías y las penas. Esas Hermandades que no por ser pequeñitas dejan de tener grandeza cuando están delante de la Virgen, porque ahí está el misterio del Rocío, que sin merecernos nada la Virgen nos hace sentirnos a todos especiales.

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