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El Rocío también es Iglesia doliente
Escrito por Francisco Gil Delgado / ABC / 2 de junio 1963   
sábado, 17 de julio de 2010


Llega un nuevo sábado y como acostumbrados éste día de cada semana, les ofrecemos un artículo rescatado de otros tiempos, en homenaje a las personas que, en su día, tuvieron la suerte de escribir en honor a la Virgen, al Rocío, a la Romería y que expresaron su opinión en diversos medios de la época.

Y como siempre, agradecemos a nuestro amigo y colaborador Antonio Díaz de la Serna, su selección para cada sábado, trayendo hasta las páginas de Periódico Rociero éstos recuerdos.


El Rocío es un mundo desconcertante de contrastes, que entraña siempre un rico y profundo contenido humano y cristiano. En estos momentos penosos para la Iglesia Universal, el Rocío ha expresado sus sentimientos de una manera singular, única, como sólo en el Rocío puede producirse. En ninguna parte del mundo estarán casando en estos momentos dos frases imposibles: “¡El Papa agoniza, Viva el Papa!”

”¡Viva el Papa!” ha sido una nota que se ha repetido en esta jornada del sábado dentro de la ermita de la Virgen, junto a la nota tradicional de “Viva la Blanca Paloma”, insistentemente, a conciencia.

¡Cuánto quiere decir este viva el Papa! No es sólo la expresión de un deseo casi imposible; ni una súplica pública; es todo un homenaje anticipadamente póstumo de la Marisma andaluza al Papa campesino de Sotto il Monte.

Por los caminos del coto este año han sonado muchos transistores. Y la música del Rocío no es música de onda, sino de garganta enronquecida con el polvo. Pero no era música lo que se buscaba en la onda; eran noticias de Roma, noticias que se propagaban de caballo a caballo, de carreta en carreta; noticia que se estilizaba aplazar de una mano a otra mano, como queriendo dar consistencia real al deseo oculto, casi convicción, de que nada malo puede sucederle a Juan XXIII en estos días rocieros. La noticia que hacía cadena era siempre la noticia optimista: El Papa mejora, el Papa ha salido del coma, el Papa ha vuelto a hablar. La noticia desagradable, el Papa empeora, era siempre una noticia estibada a la que se le ponía sordina, que se reservaban en el interior los hombres para llevarla a los pies de la Reina de las Marismas. La Virgen a la que tanto se le pide, que oye tantos nombres de padres, madres, hijos y amigos, ha escuchado este año un nombre querido como estribillo firme de una plegaria común: Juan XXIII.

Ayer tarde se ha celebrado la tradicional presentación de las hermandades ante la Hermandad Matriz. Esta había pedido a todas ellas que la alegre presentación, que constituye la nota más colorista del Rocío, adoptara un aire de austeridad y respeto. Yo acompañaba a una hermandad filial y pequeña, la Hermandad de Gines, donde la misma sencillez y la misma familiaridad contribuyen a mantener un clima constante de alegría rociera. Al llegar la noticia, el silencio se hizo con la misma facilidad con que se hacía en otros años el acompañamiento bullicioso de palmas y “sevillanas”. El silencio, en este desfile mate de 1963, era un hueso en su sitio.

Después, otra vez las noticias en cadena, el transistor junto al oído, y pregunta cortantes y la liberación hasta el momento presente de una respuesta temida...

El Papa agoniza, se dice en todo el mundo. ¡Viva el Papa!, sigue repitiendo en solitario el Rocío de 1963.

¡Viva, Señor, hoy y eternamente, el Papa intrépido del Concilio Vaticano II, el Papa inolvidable Juan XXIII!

Francisco GIL DELGADO

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