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6 Septiembre 2010

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El eterno Rocío
Escrito por Rocío Blanco Peláez / Revista Rocío / Año 1961   
sábado, 24 de julio de 2010


Un nuevo sábado, como venimos haciendo semanalmente, dejamos que sea un artículo del pasado el que nos traslade al Rocío de entonces.
Un nuevo sábado, también, volvemos a agradecerle a Antonio Díaz de la Serna, nuestro colaborador, la selección de éste artículo que podrán disfrutar los lectores de Periódico Rociero.


El Rocío Grande... ¡Cuánto de ha hablado del Rocío Grande! Es algo muy hermoso, alegre y andaluz. Es belleza, luz, colorido, alegría y emoción. Y es tanta la emoción que encierran esos tres días de ROCIO, que jamás una persona puede llegar a explicárselo a otra, de palabra. Hace falta verlo con los propios ojos y vivirlo con los cinco sentidos, para darse cuenta exacta del fervor extraordinario del alma andaluza.

Pasa el Rocío Grande y de seguida llega el Chico, que en verdad no tiene nada de chico. El calor agosteño, la paz de la aldea y las ceremonias religiosas, con menos bullicio y más sencillez, encierran en sí mucha grandeza. Muchas personas lo prefieren e incluso lo alargan, prolongándolo con su presencia en la aldea.

Hay otro Rocío, que no es, ni Grande, ni Chico. Yo le llamaría EL ROCIO ETERNO. Otoño, Invierno, principio de Primavera, ¿qué es si no un eterno Rocío? Un eterno Rocío que vivió en toda su intensidad, el señor Manuel Romero, ese viejecito que tanto amó a la Virgen y a quien van dedicadas estas humildes líneas.

No creo que aquellas personas, mejor dicho, aquellas felices criaturas que viven todo el año bajo la sombra protectora de la santísima Virgen del Rocío, no sepan apreciar la dulce monotonía que encierran sus vidas.

¡Vivir en la aldea! ¡Ser aldeana! ¡Qué encanto dulcísimo encierran esas palabras al parecer vulgares, para el alma que se siente un poco poeta!

Mirándolo bajo el punto de vista material, hay que reconocer que la juventud echará de menos el cine, la luz eléctrica y otras muchas cosas de las que carecen.

Ahora bien; yo me pregunto: ¿Qué es el cine? ¿Qué es la luz eléctrica? Cosas banales y sin importancia. La luz, LA VERDADERA LUZ está en la Ermita, concretamente en la mirada siempre bondadosa, de la Santísima Virgen del Rocío. ¿Qué importa que se alumbre con velas, si Ella sabe llevar una luz preciosa a las almas? ¡Cuántas criaturas viven rodeadas de todos los modernos adelantos del siglo XX y tienen el alma completamente en tinieblas.

Aldeanos, gentes todas que tenéis vuestro vivir en el Rocío; no añorad nunca estos pobres adelantos materiales que poseemos en otros lugares. Yo os envidio y mi oración sincera a la Virgen bonita que vosotros contempláis siempre, es esta:

”Me gustaría ser
una aldeana,
para poderte ver
cada mañana.
Y por la tarde,
rezarte de rodillas
dos o tres Salves.”


Otras veces, cuando la vida me golpea con un desengaño o una decepción; tomo en mis manos la estampa de la Virgen y pensando en la paz tan sublime que se respira en su Ermita, le digo así:

”¡Quién hubiera nacido
allí en tu aldea
y no saber del mundo
que nos rodea!
Cuando te miro
en la estampa que tengo,
por Ti suspiro.”


Es verdad que suspiro por ese ETERNO ROCIO que vosotros tenéis. Y en vosotros pensaba cuando escribí estas líneas, pobres en estilo literario, pero ricas en sinceridad.

Rocío Blanco Peláez
Almonte

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