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title: "El calor de su regazo"
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date: 2026-08-26
modified: 2026-08-26
author: "periodicorociero"
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# El calor de su regazo

**DIRECCIÓN PERIÓDICO ROCIERO | Francisca Durán Redondo |** Si nos despojamos de la prisa que nos imponen los días y apagamos por un instante el ruido del mundo y nos miramos por dentro, lo único que queda intacto es el calor de lo que verdaderamente importa.

Hay un rincón en el alma que no entiende de distancias, ni de lógicas, ni de esperas. Un lugar pequeño y sagrado donde el tiempo se detiene para dejarse acunar. Allí es donde habita Ella. No hace falta buscar explicaciones ni adornar con grandes palabras lo que se siente al mirarla a los ojos.

La devoción más pura nace del silencio, de la lágrima contenida que cae sin que nadie la vea en el banco de una iglesia, de la mano de alguien que aprieta una medalla pidiendo por la salud de los suyos. Eso es lo que sostiene nuestra fe: la certeza absoluta de que nunca estamos solos, de que siempre hay una Madre que nos aguarda con los brazos abiertos en el refugio constante de su mirada.

Este año el reencuentro nos llama con una melodía diferente, un compás que se muda al corazón mismo del pueblo, alterando la rutina de los soportales y las esquinas de siempre. Pero las paredes mudan y la esencia permanece inalterable.

Cuando las hermandades se pongan en marcha en los próximos días, no buscarán otra cosa que no sea el calor de su regazo. Irán buscando alivio a los dolores del cuerpo y del espíritu, llevando en sus carretas invisibles las oraciones de los enfermos, las esperanzas de los que sufren y la gratitud de los que han sido bendecidos.

La verdadera hermandad se mide en la generosidad, en la mirada sencilla que acoge al que viene desvalido y en la capacidad de vaciarnos de nosotros mismos para llenarnos de Dios. Cada peregrino que camina lleva consigo una carga, una promesa o una pena, pero también la seguridad de que, al final del desvelo, el peso se vuelve ligero al entregárselo a Ella y al Pastorcito Divino, porque es en sus manos donde cabe el destino de nuestras familias, el consuelo para cada noche de desvelo y la inocencia que este mundo nos va robando poco a poco con sus desencantos.

Mirar al Niño es recordar la grandeza que se esconde en lo sencillo, en lo cotidiano y en la caridad que practicamos cuando nadie nos mira.

Él siempre nos invita a volver a ser niños, a confiar con la fe ciega de quien se sabe profundamente amado. Madre e Hijo forman el ancla que nos mantiene firmes cuando arrecian las tormentas de la vida.

Dejémonos empapar por esa ternura sin límites y permitamos que sea el amor, directo y sin filtros, el que guíe cada uno de nuestros pasos hacia la Parroquia de la Asunción.

**Francisca Durán Redondo**

**Directora de periodicorociero.es**
