El Rocío, fuente de fe y de vida

Hablar del Rocío, no es fácil, porque la esencia, de lo realmente importante se puede obviar, es por ello, que para mí, a pesar de ser rociero, me es muy complicado expresar en un escrito y hablar del Rocío y no perderme en la ambigüedad que para muchos es el Rocío.

No podemos olvidar que el Rocío es la Virgen, esa es la pura y real esencia, pero tampoco podemos olvidar que Ella, fue camino antes que Aldea, de ahí la gran importancia de las Hermandades en el movimiento rociero.

El Rocío, cada rociero puede explicar con distintas palabras, con sus palabras, cuál es su sentimiento, que les llevó a perderse en sus varales, que les llevó a ese lugar de encanto, cómo lo viven, qué ven en su rostro, cómo es su camino, cómo es su vida diaria acordándose de Ella, qué les transmite al estar cerca de Ella, pero todos se distinguen por algo en común y donde todos estamos de acuerdo en algo, El Rocío eres TÚ, Madre.

Desde pequeño he vivido el Rocío que mis padres me enseñaron, rocíos de Hdad, de ir a verla cuando el corazón te lo pida, que al estar cerca, cualquier momento es bueno, ya que esos encuentros reconfortan el alma.

El Rocío es perderse en su sonrisa, es el sin vivir diario contando los días para realizar un nuevo camino que nos llevará a sus plantas, porque los caminos todos los años son distintos, siempre hay algo que contar que no viviste anteriormente, y la culminación es, su mirada, para darle las gracias una vez más por estar frente a Ella, por hacer un nuevo camino.

El Rocío es la Virgen y sus Hermandades, es el peregrino, es el niño que nace, es el enfermo de un Hospital, el abuelo que sueña contigo, son los necesitados que la vida ha sido injusta con ellos, es el amor de una madre, son los que caminan en la tristeza, pero que les alivian el dolor en una residencia de ancianos, es la discapacidad de aquellos que no se sienten diferentes, son todos aquellos que peregrinan buscando mejor vida, el Rocío eres tú, que diariamente alivias con tu forma de ver las cosas a todos los que necesitan de ti, es una mano donde poder recorrer el mundo con paciencia, es un hombro donde poder descargar los sinsabores que la vida nos da, el Rocío es la alegría de poder vivir en la fe, es todo lo que huele a ti, sin reparar en nada, el Rocío eres tú, madre, padre, hijos, hermanos, abuelos, sobrinos, familiares y amigos, que día a día lucháis por ir y venir.

El Rocío es marisma, es encuentro, es la Señora, es Reina y Madre, es refugio de los pecadores, consoladora y mediadora, salud para los enfermos.

El Rocío son campanas y cohetes, una guitarra y un quejido, son alabanzas a una Madre, cantes por sevillanas, es llanto y oración y una Salve ante tus plantas para rendirte pleitesía.

El Rocío son promesas, son peticiones, ofrendas por los que necesitan de ti.
El Rocío son huellas del caminante, es la arena, el polvo, el calor o el frío, la lluvia o el viento, la noche y el día, son los pinos y eucaliptos, el tomillo, romero y jara y la amapola encendida en las veredas marcadas El Rocío es la Carreta Simpecado que cobija tu mirada.

El Rocío son carretas, carros, remolques, tractores, carriolas, enganches, vacas, toros, caballos, yeguas, potros, burros y mulos que nos llevan al Rocío.

El Rocío son todos aquellos animales que van a nuestro encuentro, ciervos, gamos, linces, aguiluchos, halcones, pajarillos y ratones.

El Rocío es mi casa, nuestras Parroquias donde Ella está presente todos los días del año, es mi familia, es mi reunión, son los amigos.

El Rocío es el carretero, el boyero, el mulero, el tractorista, el caballista y el que camina, son los que con su fe se postran ante sus plantas.

El Rocío es Marlo, Centro Estudios, el Quema, Dehesa Boyal, la Raya Real y Palacio, el Ajolí, y cada enclave donde transitamos para acudir a su encuentro cada Pentecostés.

El Rocío, Madre, Blanca Paloma, Reina de las Marismas, Madre de Dios, eres la que día a día velas por todos los que necesitan de ti.

El Rocío es mi Casa de Hermandad, donde hay un sitio para ti, allí donde cobijamos a los buenos rocieros, una Casa de Hermandad donde hay humildes cristianos que dan la cara por Ella. Que la tienen presente a pesar de la distancia, que la esperan ese Lunes para volar a sus plantas, allí, en esa esquina de ensueño, cerca del acebuche, cerca de nuestro nacimiento, cerca de los recuerdos.

Manuel Jesús Pérez Luna