El Rocío de la mañana

No hay mejor amanecer que el que comienza en medio del campo, en medio de los olivos o naranjos que rodean mi pueblo, con ese olor a tierra mojada que envuelve sin saberlo todo un saco de sensaciones y emociones que evocan la mayor de mis devociones.
“El Rocío de la Mañana”.
Minúsculas gotas de agua que empapan la tierra dándole el sustento necesario para la vida igual que nuestra Madre del Rocío sustenta nuestra fe y da sentido a nuestra vida.
Encontrarse sin apenas darnos cuenta en medio de la marisma, rodeados de la bella naturaleza que envuelve el entorno de Doñana, en esos amaneceres únicos que nos regalan esos días tan cortos de nuestra Romería, es uno de los mayores tesoros que recibimos los rocieros.

Qué suerte tenemos, qué afortunados nos sentimos. No pudo aparecer la Santísima Virgen en mejor lugar.

Escogió nuestra Madre el tronco de un acebuche centenario para resguardarse. Un lugar humilde, como lo hizo su Hijo, al nacer en un humilde establo. Bendita Nuestra Madre y bendita su humildad, haciendo grande algo tan sencillo.

Muchas tardes contemplando su bendita imagen en la quietud que dan las tardes de invierno en su ermita, mis ojos recorren cada uno de los regalos que pueblan tu saya y no puedo dejar de mirar aquel ramito de aceitunas que con tanto mimo te regalaron los devotos rocieros nazarenos y que, como queda claro, tiene un doble significado.
Por un lado el origen aceitunero de nuestro pueblo, Dos Hermanas, y por otro esa coincidencia con el lugar de la aparición de tan bellísima imagen de la Madre de Dios. No dejemos de sentirnos orgullosos de nuestras raíces, nuestra tierra y nuestras devociones para transmitirlas a las futuras generaciones. Elevemos la voz, seamos valientes y cuidemos todos los detalles que nos hacen únicos a los rocieros del siglo que nos ha tocado vivir.

Que el progreso no borre todo el camino recorrido, sino que sea como “el Rocío de la mañana”, abono y fertilizante para los nuevos rocieros.

Juan Sánchez Cumplido