Mi próximo Rocío

Ha comenzado un nuevo año, y ya está más cerca un nuevo Rocío. Un Rocío que para mí será totalmente distinto a todos los que hasta ahora he vivido. Se dice, entre nosotros los rocieros, que todos los Rocíos son distintos, ya lo sé. Pero este año para mí será mucho más distinto que todos los Rocíos vividos.

He ido al Rocío siempre, desde que nací. Porque tuve la suerte de nacer en un pueblo muy rociero, y en el seno de una familia eminentemente rociera, muy devota de la Blanca Paloma. Y así me lo enseñaron, y en ello me educaron. Mi abuelo materno, junto con un grupo de carrioneros, devotos todos de la Santísima Virgen del Rocío, tuvieron la loca idea, bendita locura, de implantar en el pueblo en el que vine a la vida, la Fe y la Devoción por una Virgen que no estaba en el pueblo de Carrión, sino que estaba en una pequeña ermita en medio de la marisma de Doñana, llegando incluso a fundar una Hermandad para prestarle y rendirle Honores. De esto hace ya cerca de 100 años. Mi abuelo transmitió esa devoción, no solo a mi madre, sino también a mí, que junto con mis padres, me llevaron de su mano a esas benditas arenas arropadas por las altas copas de pinos centenarios para enseñarme esa Divina Imagen, enseñarme a quererla, a venerarla y a rezarle. Y en esta bendita locura, que mi abuelo, junto con sus amigos, trajo a mi pueblo de Carrión, me he criado.

Este año, después de 50 Rocíos, estaré al frente de esa Hermandad nacida hace casi 100 años. Seré el máximo responsable y representante del mayor y mejor legado que me han podido dejar mis mayores. Y entonces volverán a mi memoria aquellos olores que impregnaban la casa de mis padres cuando se acercaba el mes de mayo. Olores a masa frita de rosquitos de azúcar, de pestiños de miel, enmelados con el cariño de las manos de una madre que pretendía año tras año ensañarle a sus hijos como todo esto se comparte en el Rocío con todos aquellos que se acerquen a su carro. Porque en Carrión el Rocío es fundamentalmente compartir y convivir con todos los demás. Ese es el lema principal de todo cristiano, y el rociero es ante todo cristiano. En este Rocío volverán a mi memoria Rocío de tiempos antiguos, Rocío de camiones de carga, donde se echaban los colchones para dormir, rendidos por el cansancio. Vendrá a mi memoria una aldea de luces tenues, y de un Rosario de Simpecados iluminados por las luces de las velas.

Este año, cuando llegue el sábado a las puertas de la Ermita, delante de mi Simpecado, llevaré detrás de mí toda mi infancia. Llevaré ante la Blanca Paloma todo el agradecimiento a mis mayores por haberme legado tanta maravilla.

Así, este mi primer año como Presidente de la Hermandad del Rocío de Carrión, se lo dedico a aquellos que me enseñaron a dar mis primeros pasos por esas benditas arenas y mirar a los ojos a esa belleza que reina en las Marismas. Se cumplirá entonces uno de mis mayores sueños, y seguro que desde las Marismas eternas del cielo habrá alguien que verá cumplido un sueño.