La medalla del torero

Hoy sábado, les traemos este artículo publicado en agosto de 1960, en la sección “prodigios” de la Revista Rocío, artículo como siempre seleccionado por nuestro colaborador Antonio Díaz de la Serna, y que con el título “La medalla del torero” escribió Tomás Gollete.



Una vez más ha derramado sus gracias y favores la Santísima Virgen del Rocío, sobre este antiguo y fervoroso pueblo rociero de Coria del Río, en la persona de un amante devoto de la Blanca Paloma, el joven novillero coriano Manuel Villalba. Ocurrió el prodigio en la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Sevilla, en la novillada celebrada el domingo día 10 de julio, presenciada por un inmenso gentío que llenaba los graderíos y entre ellos destacaban numerosos corianos, ávidos y deseosos de ver triunfar al torero de Coria. Al torear Manuel Villalba a su segundo toro, tuvo la mala suerte de ser empitonado en el último espacio del esternón, un poco por encima del apéndice xifoides, viniendo a tocar la cornada con una medalla que el diestro llevaba de la Virgen del Rocío, la cual fue herida, pero este hecho varió la trayectoria de la cornada que hubiese ido fulminante hacia el corazón, como pudo comprobar el doctor Leal Castaño, médico de la Plaza , al curar al diestro, cuya cornada hubiese terminado en poco tiempo con la vida del torero, pero la Santísima Virgen estaba velando por él y su misma medalla le salvó de una muerte segura, quedando la misma reducida a herida de los músculos del tórax y fractura del esternón. El joven y pundonoroso novillero –al escribir estas líneas- continúa muy mejorado. El cual en su día y una vez curado, seguramente irá a postrarse a las plantas de tan celestial señora, por el inmenso favor recibido.

Este pueblo de Coria, que tantos desvelos profesa a la Virgen del Rocío, da públicamente las gracias por los favores que ella sabe derramar sobre sus hijos de Coria.

Tomás Gollete.



En el nº 26 de la misma Revista ROCIO de noviembre de 1960 se inserta este poema:

ALLÍ ESTABA ELLA

Al gran rociero de Coria del Río, Manuel Villalba, que fue protagonista

Embiste, torito fiero,
que no temo a tu pujanza,
y alcanzar la gloria quiero
sobre este dorado albero
de la Real Maestranza.

Ya sé que traes la muerte
prendida en cada pitón,
pero yo, en vez de temerte,
aquí estoy para ofrecerte
la flor de mi corazón.

Cita el chaval arrogante
y el toro embiste derecho
entre un silencio expectante,
viéndose, por un instante,
que el pitón cala su pecho.

La plaza, de angustia llena,
teme por la joven vida,
mientras, el diestro en la arena
tiene la certeza plena
de que no es mortal la herida.

Y es que la firme muralla
de fe, que del alma asoma,
todo peligro soslaya,
y esa fe es... la medalla
de nuestra Blanca Paloma.

Francisco Ramos Mejias.