Despidiendo a nuestro cura

Me llaman para colaborar con un artículo, en el Periódico Digital Rociero, cuando hace escasas horas veníamos, de despedir a nuestro cura, nuestro capellán Honorario de la Hermandad del Rocío de Bonares y con su recuerdo aun, en nuestra mente de los últimos momentos, no dudé en expresar este último adiós a quien fue mi profesor de religión, mi presidente deportivo y mi director espiritual en la Hermandad.

El que fue el cura rociero por excelencia, por su implicación personal, por su ministerio, por su fervor mariano y por la herencia recibida de sus mayores, no pasaba desapercibido para nadie.



Su padre fundador de la Hermandad, él su primer Hermano Mayor, cargo que volvió a repetir 50 años más tarde y de nuevo a los 75 años fundacionales. Y amenazaba que lo sería de nuevo al cumplir la Hermandad su centenario.

Celebró durante años la Misa de Romero en el Corchito, participaba como un romero más en el camino, y tuve el honor de ser su portador en la Salve de el lunes por la mañana ante su virgen del Rocío.

“Tienes doble indulgencia, una por la salve y otra por cargar con 95 kilos de cura.” - me decía.



Fue durante años el monitor de la Misa del Real el domingo de Pentecostés, que nos amenizaba la espera, describiendo el Simpecado y detalles de las hermandades que se iban acercando, conociendo a todas desde que asomaban por la esquina de Huelva. Por las muestras de condolencia de algunas de las hermandades supimos de su participación en la erección canónica de algunas de ellas, cuando era el director del Secretariado de Hermandades y Cofradías de la diócesis de Huelva, o el poner a su disposición la antigua carroza portadora del Simpecado de Bonares, a aquellas hermandades que hacían el camino por primera vez.

Tenía un carácter fuerte, decía siempre lo que pensaba, iba por derecho y así lo manifestaba. Yo mismo sufrí sus formas, como profesor me expulsó dos veces de clase “por todo el curso”. A la semana me perdonaba y volvía. Como hombre inquieto que era, fundó el club Alharo y allí me llevó a jugar a baloncesto durante dos años, cosa rara, pero me fui cuando pasé la edad de la categoría en que jugábamos.



Nos encontramos al cabo de los años en nuestra querida hermandad de Bonares. Por todos los años que he sido directivo, numerosos los “encontronazos” que mantuvimos, hasta quiso impugnar unas elecciones en la que salí elegido presidente.

Pero en mi recuerdo esta siempre el perdón, al otro día era como si nada hubiera ocurrido. Antes, menos tiempo como en un Rosario o en la Casa Canelo, solo minutos para mostrar su sonrisa.

Y me quedo con la bendición en medio de la calle, después de una todavía cercana enfermedad mía.



Firmó un contrato con Ella y su divino hijo, algo que empezó cuando era pequeño y durara toda la vida.

Cuántos caminos, cuántos sonoros cabreos, cuánto humor derrochado, cuánto bien hecho... ¡Gracias don Antonio!

PD. Querido cura, escribo estas líneas, cuando vengo de ver a nuestro “Recre”, se guardó un minuto de silencio, por su capellán. Hemos perdido, creo que te toca empujar desde arriba un poco, porque esto está feo.

¿Sabes?, tu foto en el Vaticano con la bufanda del decano del fútbol, ha recorrido todas las redes sociales.

Manuel Ángel Freitas Vilariño