Desde la cuna

Cuando mis niños eran unos chiquillos todos los años teníamos la misma discusión su madre y yo, porque ella no quería llevarlos chiquititos al Rocío, le daba pena que pasaran los calores de mayo y la poca comodidad que había y yo le decía todo lo contrario, que los niños iban con nosotros y que daba igual la edad que tuvieran pero no quería que me reprochasen cuando fueran mayores el no haberlos llevados desde críos al Rocío.

Ya mis chiquillos son hombres y mujeres. Al mayor, que tiene 35 años, lo tengo trabajando en Sevilla, a la siguiente, que cumplió hace muy poco 32, en Tarifa y el más chico que tiene ahora 23 sigue todavía en casa.



Les hemos inculcado el Rocío desde la cuna y ahora cuando miro para atrás pienso cuánta razón tenía mi mujer de atreverme con los niños a meterme por esos caminos, pero lo que más nos agradecen nuestros hijos es precisamente que no los dejáramos con los abuelos, sino que los lleváramos tan pronto al Rocío.

Mi niño mayor ha hecho lo mismo con su primera hija y a mí se me cae la baba de abuelo recordando cuando yo era como él y hacía lo mismo con los míos. Mi mujer me mira y se ríe pero lo que quiero con este artículo es pedirle a los padres y a las madres que son rocieros que les enseñen el Rocío a sus hijos desde chicos, que se atrevan a llevarlos con ellos para que se acostumbren al olor y al ambiente de la romería y sobre todo que miren desde bebés a la Madre de Dios para que no puedan estar sin Ella por nada de este mundo.