Con la Virgen frente a mi Simpecado

Para poder ir este año al Rocío me las he tenido que ingeniar y yo mismo me sorprendo de lo que he sido capaz de hacer por no quedarme sin ir al Rocío.

Se iba acercando la fecha y no estaban fáciles las cosas, al revés, se arreglaba una cosa y se desarreglaba otra, pero yo no quería faltar a la cita de ver el Simpecado de Ayamonte esperando a la Virgen el lunes del Rocío.

Al final, casi milagrosamente, se pudo adaptar todo para que fuera, será porque la Virgen quiso que ocurriera así, que tenía tantas ganas de verme como yo de verla a Ella.



Por ciertos motivos que solos se hablan con Dios, que es el que mejor guarda los secretos, me propuse que no faltaría nunca el lunes del Rocío y así viene pasando desde hace 16 años, pero éste 2015 pensaba que mi compromiso no podría llevarse a cabo y yo solo buscaba la forma de cumplir con mi palabra. No es que hiciera una promesa ni mucho menos, pero sirvió la mirada de la Virgen un día para engancharme del todo y yo quise corresponder a lo que hizo por mí de esa manera.

Y el lunes del Rocío allí estaba yo, donde tenía que estar, esperándola para verla llegar hasta el simpecado de Ayamonte, llorando de alegría por verla acercarse y suplicándole que no se fuera muy pronto.



Ese es el momento más grande de mi Rocío, cuando la Virgen llega a devolvernos con su visita las veces que nosotros la visitamos a ella, las veces que le confiamos lo nuestro… Para mí no hay nada en todo el mundo entero que me pueda llenar tanto.

Espero poderlo vivir todos los años, aunque no tenga tiempo para nada más que eso, porque me sirve para vivir y eso vale más que todo.