La verdad del Rocío, y el Rocío de verdad

Es nuestra intención que cada sábado, los lectores de Periódico Digital Rociero, puedan disfrutar leyendo artículos que fueron de interés en otras épocas y que vuelven a rescatarse en la actualidad, de la mano de nuestro amigo y colaborador, Antonio Díaz de la Serna.
El que hoy ocupa ésta sección fue escrito por Ignacio Sánchez-Ibargüen el 23 de mayo de 1985, publicándose en el ABC con el título “La verdad del Rocío, y el Rocío de verdad”.


Si en Semana Santa el olor de Sevilla es incienso y azahar, cuando las puertas de San Lorenzo se cierran después de hacer su recorrido la Soledad, Sevilla empieza a oler a romero. El Rocío está cerca, se huele, se presiente, se palpa.



La palabra Rocío tiene un eco distinto en cada persona. Es, como diría el poeta, del color del cristal con que uno lo mira. Como en todas las cosas de la vida, dentro de un mismo género hay diversas calidades. El alumno sabe bien la gama de puntuaciones dentro de una asignatura. También el Rocío tiene sus baremos. Yo no soy quién para juzgar a nada, ni a nadie, pero sé que en el Rocío hay verdades y lo contrario. Hay cosas que nos gustan y que nos gustan menos. E incluso, sin convertirme en juez, puedo decir que hay cosas que sobran y que le hacen daño. Pero por encima de todo eso hay verdades en el Rocío.

Y en el reconocimiento de estas mentiras yo diría que está la grandeza del Rocío. Porque por encima de esas cosas que le dañan, de esas cosas negativas y que no son propias de él, es más, admitiendo lo que se puede fomentar para quitarle lo bueno y lo verdadero, hay verdades como puño en el Rocío. Y aquí está su grandeza, que por encima de eso y a pesar de eso hay verdad.



Y la verdad del Rocío es que bajo la sombra de la Señora de la Marisma, muchos viven su fe. Y el decir Blanca Paloma es sinónimo del encuentro de una persona con Dios. Y el andar de un Simpecado es para no pocos ponerse en camino para encontrarse don Dios. Y esta es la verdad profunda en donde todas las realidades externas son accesorias. Porque esto se puede vivir yendo en carreta o en un tractor, a caballo o a pie, con alpargatas o con botos, bebiendo o sin beber, porque lo importante es el espíritu con que se va. Y cada uno va a su Madre a su manera y como puede.

El Simpecado ha ido recogiendo nuestro quehacer de cada día; y cuando el campo huele a romero y la brisa marismeña a resina se pone en camino cada primavera. Y lo mismo da ir detrás de una carreta de plata rodeado de una ingente multitud, que acompañando a un Simpecado con unos cuantos romeros. E incluso quedándose en su casa cuando no se puede ir. Va un Simpecado que lleva lo suyo. Pero la verdad del Rocío está ahí: vivirlo internamente, a pesar de los obstáculos que vengan de fuera y que no nos gustan. Y puedo decir a pecho descubierto que hay quien va al Rocío de verdad; hay quien va a rezar; hay quien va a pedir; hay quien va a hacer balance ante la Señora; hay quien va a reconocer que no fue fiel y va a pedir ayuda; hay quien va a agradecer y pedir fortaleza y nuevos bríos para seguir caminando. ¿Qué son pocos? ¿Qué son muchos? No o sé. Lo sabe Ella, que es lo que importa. Y esto es para mí la verdad del Rocío.



¿Y el Rocío de verdad?, como dice el encabezamiento. El Rocío de verdad es el primero, el Pentecostés histórico. Una mujer, María, rodeada de un grupo de hombres que reciben el Espíritu Santo. Y Ella, la Madre de Dios, que lo hace plenitud dentro de sí, y trasmite ese entusiasmo y vida al puñado de hombres que la rodean, que son frágiles y débiles. Ellos reciben el Espíritu y el aliento de María y proclaman su fe a los cuatro vientos del mundo. Este es el Rocío de verdad.

Allí vamos también un grupo de hombres, muchos, con nuestros lastres y miserias, pero con buena voluntad. Y la Señora nos cobija y nos dice lo que oyó a su Hijo, el Pastorcito Divino, “Id al mundo entero y predicad el Evangelio”. El Rocío de verdad será el Rocío de nuestro testimonio cristiano en el mundo. La Madre de Dios nos convoca en las Marismas y nos dice: no te dejo solo, me vuelvo contigo en mi Simpecado, pero, manos a la obra para hacer de tu vida un Rocío de verdad.

Ignacio SÁNCHEZ-IBARGÜEN Y BENJUMEA
Hermano Mayor del Rocío de Triana