Prodigio hermoso de la Virgen del Rocío

La sección “Prodigios” de la Revista Rocío, publicaba en febrero de 1961 un artículo de F. Leónides Soriano, de Benacazón, que narraba un milagro acontecido por mediación de la Santísima Virgen.

Llegados a éste sábado, día dedicado al recuerdo, lo publicamos en nuestro Periódico Digital Rociero, gracias a la generosidad de nuestro colaborador Antonio Díaz de la Serna y Carrión.

Deseamos que disfruten con su lectura.




Tengo el honor de escribir a la simpática revista “ROCIO” para que ella dé a conocer el milagro acaecido en Benacazón en la persona del benjamín de nuestro querido Hermano Mayor, Excmo. Sr. D. Miguel Lasso de la Vega y Marañón, Vizconde de Dos Fuentes.

En el mes de Noviembre, estando pasando el fin de semana, en su finca de Castilleja de Talhara, cerca del pueblo mencionado, les fueron ensillados los caballos a los tres hijos de nuestro querido Hermano para que en unión de sus ayos, diesen un paseo por los alrededores de la finca. Al dar agua al caballo del más pequeño, de 7 años, llamado Iñigo, y estando su ayo descuidado, el caballo, como picado por una víbora, se desbocó y se perdió en la espesura de un eucaliptal con el pequeño encima. El pánico cundió en la hacienda y todos, cuando salieron de su estupor, unos a pie y otros a caballo, corrieron en su busca, pero sin rastro del caballo ni del pequeño.



Entretanto, el caballo corría saltando espinos y vallas y en su lomo el pequeño como un indefenso pajarillo, cogido a sus crines. Así atravesó Aznalcázar horrorizándose el pueblo al ver aquella tromba de cascos chispeantes que nadie osó detener. Se lanzó por la peligrosísima cuesta de Pilas y todos lo dieron por muerto al llegar al puente, a seis kilómetros justos de su partida y en la gran explanada donde nuestra Hermandad hace su primera parada. El milagro se realizó. Allí se paró el caballo y empezó a pacer tranquilo. Pronto llegaron sus familiares y allí se desarrolló una escena conmovedora y al ser preguntado por sus hermanos que si pasó mucho miedo, sonriente el pequeño contestó: ¡No, porque le pedí a la Virgen del Rocío que no me abandonara y estaba seguro de que nada me ocurriría!

Todos enmudecieron y dieron gracias a la Santísima Virgen.



Nuestro querido Hermano Mayor, contento por el feliz desenlace, ha prometido que este año la Romería sobrepasará a años anteriores y que si el pasado año fueron 32 las carretas que acompañaron a la Virgen, este año serán 50.

Que la Blanca Paloma lo siga protegiendo para hacer realidad su bello proyecto.

F. Leónides Soriano
Benacazón