Sí: Yo también soy Nazarena




Si ser Nazareno es como se nos conocen en otros lugares del mundo a los cristianos, quiero decir que yo también soy nazarena y lo soy con profunda convicción, viviendo desde aquí el dolor de los hermanos que han sido exiliados por no convertirse al Islam, o por no ceder ante ninguna amenaza si no reniegan de su religión.

Desde ésta ventana que se abre al mundo cada día en periodicorociero.es – Periódico Digital Rociero, quiero expresar mi solidaridad y la de todo el equipo con los cristianos que sufren persecución, torturas, amenazas, chantajes o acosos, llegando incluso a la muerte, por parte de practicantes de otras religiones.

¡Cuántas catástrofes y barbaries se han cometido en el nombre de Dios! Yo suplico, precisamente, por amor a Dios, que tiremos por la borda la violencia abominable y hagamos entre todos una frontera de amor que nos alcance de una buena vez.

Que respetemos la religión de cada persona, porque judíos, musulmanes, hebreos, cristianos, católicos… ¡Todos somos hijos del mismo Dios! y todos nos dirigimos a Él aunque unos lo llamen Alá u otros lo llamen Gehová o Yahvé. Que seamos constructores con los frutos provenientes del Amor de Dios, entre los que se encuentran la tolerancia y el respeto.

No es justo que en el siglo en el que vivimos haya cristianos sufriendo un auténtico exilio desde Siria, Irak o desde tantos otros lugares del mundo, donde también son aterrorizados por practicar la religión cristiana.

Durante años hemos visto cómo la convivencia y el respeto entre todos es posible, porque Dios hace posible el Amor a partes iguales y, cada persona, a través de la religión en la que alimenta su fe, es instrumento de la propagación de ese Amor universal, generoso y auténtico, capaz de vencer y hacer todas las cosas nuevas.

No es, precisamente, el momento de seguir callados, como si esto no fuera con nosotros. Los cristianos somos una gran alfombra que se extiende por el mundo y no podemos escondernos bajo esa alfombra, sino que tenemos que hacer un recorrido para que se nos vea con nuestras palabras, con nuestras oraciones y con nuestros hechos.

A la Virgen del Rocío le pido con toda mi alma, como dice el Evangelio que “no devolvamos el mal con el mal, sino que venzamos el mal a fuerza de hacer el bien”.

Ahora, más que nunca, que esa Blanca Paloma nos ilumine, y nos enseñe a hacer tanto bien como esté a nuestro alcance, que seamos valientes para reconocer que pertenecemos a la Iglesia de Cristo y que la defendemos con herramientas de paz y bien, intensificando la oración que se necesita por la parte de nuestra iglesia que vive en la clandestinidad, y por los que han sido señalados como “nazarenos” como si fuera un insulto, cuando nada hay más grande que se nos reconozca por ser seguidores de Jesús de Nazaret.

Y para unirme a todos esos hermanos, declaro en voz alta que soy cristiana, que soy nazarena, y ruego a todos los rocieros que, allí donde se encuentren, unan sus voces para que nos convirtamos en una sola voz, una sola alma, una oración que por su fuerza llegue desde las manos de la Santísima Virgen del Rocío a Dios, y haga posible la paz en el mundo.

Que no tarde, Madre, esa paz que tanto necesitamos. Tú que eres la Reina de la Paz, haz que la paz reine en toda la tierra.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es