Sí a la vida



Hace un tiempo vivíamos en mi familia un testimonio de amor a Dios y de amor a la vida que hoy tiene nombre.

Una prima hermana se quedó embarazada de su segundo hijo. Un hijo muy deseado, muy querido desde antes que se engendrara, incluso con el pensamiento de sus padres ya era amado.

La madre, que tenía algún problema de corazón, pidió consejo a los médicos antes de su embarazo y la primera opinión fue de optimismo. Pronto los demás miembros de la familia recibíamos con alegría la noticia de que estaba por venir un nuevo retoño. Y comenzaba la hermosa tarea de la creación en su vientre, las manos de Dios fueron moldeando a su antojo y a su ritmo un nuevo ser que era invitado a vivir.

Las preocupaciones no tardaron en llegar. Un especialista en cardiología se llevó las manos a la cabeza al saber de éste embarazo que, de inmediato, catalogó de alto riesgo. Planteó las graves consecuencias que tendría seguir adelante con ello y el peligro de morir al que se exponía la madre.

-¡Píenselo!, sugirió la ciencia.
-Pero hubo poco que pensar porque respondió el amor.

La obra de Dios no fue interrumpida, siguió su curso normal, pero no llegó a cumplir los nueve meses porque fue urgente que el niño naciera antes.

Con antelación su madre fue hospitalizada y siguió en el hospital después de haber dado a luz. No pudo disfrutar en su casa de los primeros días de su recién nacido, sin embargo, a pesar de que su corazón quiso asustarla a costa de prolongar su estancia en el hospital, ella estaba feliz de su decisión, de no sólo exponer su vida, sino de haberla dado, si con ello salvaba a ese hijo que tanto deseaban.

Pasó su tiempo de hospitalización, su reposo obligado en casa le impedían coger a sus hijos en brazos. Pero la madre sonreía, agradeciendo el milagro de la vida que se había producido en su hogar. No hubo dudas para ponerle nombre: Se llama Manuel, que significa “Dios está con nosotros”.

El amor de una Madre es capaz de dar la vida por un hijo.

No hay más que mirar la imagen de la Virgen del Rocío: mira complacidamente al Pastorcito, que es su Vida, y nos la dio para salvarnos.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es