Las redes sociales como diana de nuestros dardos




La red de redes, internet, es sin duda un medio del que se pueden sacar muchos beneficios. Pero también es un arma de doble filo y todos los ojos son pocos para cuidarnos de quién está al acecho, presto a aprovechar la primera de cambio, para atacarnos con su disfraz.

Sorprende ver cómo en facebook, en twitter, (quizá estos los más conocidos), y en otros menos extendidos aún pero no por ello de menor efectividad, hay personas que no tienen reparos ni escrúpulos en contar todo lo que hacen: adónde van, con quiénes van, qué hacen a cada minuto… Da la sensación de que se vive más “para demostrar y exhibir lo que se hace” que para hacer, sin más, lo que nos gusta, sin esa exacerbada y peligrosa manera de contar hasta el número de respiraciones que se llevan realizadas al minuto.

Son igualmente curiosas esas maravillosas vidas que se dibujan y que vienen a enseñar públicamente el grado de inseguridad en el que realmente nos encontramos porque, verán ustedes, sin darse cuenta, esto tiene como consecuencia que miles de personas conozcan, en verdad, su lado más débil, su parte más frágil.

Por ejemplo, quien de continuo habla de lo idílico que es su matrimonio, de lo perfecta que es su familia, de las maravillosas relaciones que cosechan… Te están enseñando que existen carencias sentimentales escondidas en alguna parte de las que, en este mundo de “desconocidos” nadie se va a percatar, porque se mostrará aquello que tú quieres que se vea, no aquello que realmente es. Digamos que la red, en un porcentaje mucho mayor del que pensamos, nos sirve para enseñar la realidad que desearíamos vivir y no la realidad en la que se vive.

A eso hay que sumar los dardos y disparos en los que convertimos frases o textos. Si estás en un momento de desencuentro con alguna persona, se usa la red con frases que van directas a esa persona. Nadie entiende nada, pero en tu subconsciente piensas que esa persona va a saber que lo que has escrito, le va a fastidiar todo lo que desearías y te entretienes en buscar hasta debajo de las piedras el mensaje más dañino que encuentres para ir directo al centro de la diana.

Qué decir de los que usan perfiles diferentes porque, con el suyo, no se atreverían a decir a la cara lo que piensan, pero con su máscara se ponen al nivel más bajo pisoteando a otros, criticando u opinando en peores términos que utilizan aquellos con los que se está en desacuerdo.

Claro que también hay una parte positiva en la red. Puedes aprender cientos de cosas, informarte de diferentes cuestiones que te pueden interesar, hacer buenas amistades, (eso no quiere decir que se cuentan por la cantidad de amigos que aceptas en la lista), compartir lo que puede hacerle un bien a otro, aceptar lo que te puede hacer un bien a ti…

Hace poco, leí unas declaraciones muy interesantes del Papa Francisco, que hace una llamada a los cristianos para darle un buen uso a las redes sociales, a no volvernos locos con ellas, sino a darle el tiempo justo y necesario, a no llegar al radicalismo incluso con nuestra propia religión para no caer en una guerra tecnológica de cruces de palabras, a que no se convierta en armas de ataque sino en fuentes de paz y concordia.

Yo quiero confiarle a la Santísima Virgen del Rocío el uso que los rocieros damos a estos medios. Que Ella nos ayude a poner freno cuando, en lugar de darle un buen uso, nos estemos desviando del camino. Que Ella ilumine las palabras que empleamos al escribir, que antes de poner algo para dañar a otro, seamos conscientes de que no estamos actuando con el bien en las manos. Que todo lo que expresemos no sean dardos para ir al centro de la diana, sino flechas que acerquen el amor de su Rocío al centro de los corazones.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es