Ahora que estás así de cerca




Ahora que estás tan cerca, que has bajado de tu camarín para que podamos hablarte al oído, y te muestras tan sencilla aunque seas la Reina de las reinas.

Ahora que ya empiezo a reponerme de la ilusión que cada año me propicia que me esperes en tu paso, ahora que sigo pensando que vuelves a parecerme un sueño, y me tengo que pellizcar para tomar conciencia de que eres tan real como el aire que respiro, me voy a tomar la libertad de quedarme a tu vera, de mirarte hasta cansarte a ti, porque yo no me canso de hacerlo.

Ahora que estás tan a nuestro alcance, que podemos extender la mano y casi sentir que nos roza el hilo de tu vestido, ahora que huelen a rosas los rincones de tus ráfagas, ahora que me pareces más morena, y se me cae la baba pensando que no hay otra Madre que se te iguale, ahora que miro el móvil para retener tu rostro en mis sentidos, y remiro el correo para verte llegar a mi trabajo, a mi casa, a mi vida, de la que nunca te fuiste.

Ahora que te siento distinta porque ha vuelto a cambiar el brillo de tus ojos, queriendo llevar la luz a cada rincón del mundo, desde donde habrá gente dispuesta a peregrinar hasta encontrarte…

Ahora, sí, ahora quiero recorrerte con mi corazón para descansar en el tuyo.

Nos entendemos sin palabras, nos hemos acostumbrado a estar a solas y a estar en medio de la muchedumbre. Nos hemos acostumbrado la una a la otra: tú a mi voz, que es exigente a veces, y dócil la mayoría. Y yo a la tuya, que es puro evangelio, gracia divina y susurro del soplo del Espíritu, que llega siempre contigo, porque tú estás llena de Dios.

Ahora no tengo nada que decirte, y tampoco necesito en este momento que me digas nada, pero cuánto disfruto sabiéndote tan cerca, en tu paso, entre tus seis varales, envuelta de paz y envolviéndonos de esperanza.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es