María: el dulce nombre de la devoción rociera. (En las vísperas de esta fiesta)




Aunque llamamos a la Virgen de mil formas distintas, uno solo es su Nombre: María. El nombre que mañana celebramos todos los cristianos y que cuando lo pronunciamos nos llena el alma de gozo.

Para los rocieros, la advocación mariana es Rocío y a Ella acudimos una y otra y cientos de veces, porque en su dulce nombre buscamos el refugio, la protección, la ayuda, la misericordia, el consuelo, el abrazo… Y lo encontramos, sí; tal como dejamos abrirse nuestros corazones, encontramos todo eso que andamos buscando y que, tarde o temprano, acaba por llegar como respuesta a un amor que no tiene límites con sus hijos.

Mañana celebramos el Dulce Nombre de María, posiblemente el nombre más extendido por el mundo, un nombre de ayer, de hoy y de siempre, porque así es el amor de la Virgen, de siempre y para siempre, no tiene fin y por eso podemos volver a su regazo tantas veces como queramos, incluso cuando nos hayamos apartado de Ella, alejándonos de su pozo de esperanza. Su amor está al alcance de su nombre, y basta llamarla para que esté, porque no se va jamás, permanece a la espera, sin separar sus ojos de nuestros pasos, aunque nuestros pasos anden deambulando por caminos equivocados.

Y su nombre, tan conocido, tan sencillo, tan dulce, tan humilde y tan grande, puede hacer posible que la dulzura asome a nuestros rostros, que la sonrisa descoloque a la violencia, que la paz arrase toda guerra, que la alegría impere en las almas desoladas, que la generosidad y el amor reblandezcan los corazones más duros.

María, Santa María del Rocío, ruega por nosotros, dulcifica las amarguras de este mundo, haz que la fuerza de tu nombre nos salve en todo momento.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es