Qué puede hacer un rociero en los previos al Adviento




Viviendo el penúltimo mes del presente año, todo nos indica que en este tramo final pronto iniciaremos un tiempo litúrgico apasionante, del que ya hablaremos más adelante.

Los tiempos litúrgicos nos invitan a aprovechar oportunidades inagotables que Dios nos da cada día, y que con la fuerza de los Sacramentos, la reflexión, la meditación, la interiorización de la Palabra y la intensificación de la oración durante días y etapas concretos, pueden suponer un antes y un después en nuestras vidas.

Un Sacerdote rociero, de esos tesoros grandes que tengo como amigos, me comentaba hace unos días que los cristianos estamos llamados a comenzar todos los días de nuevo, a batallar con nuestros fallos dejándole al Señor la capitanía de la batalla para salir vencedores de nuestra lucha interior.

Me decía que si todos aprovecháramos la liturgia nos sorprenderíamos de cuánto se puede crecer espiritualmente y cuánta riqueza tiene Dios para darnos.

Pero para rizar el rizo también me comentaba que para vivir un tiempo litúrgico también hay que estar dispuestos y decididos a vivirlo.

Así que me puse manos a la obra, y he programado para mí esto que os comparto por si también os sirve a vosotros.

¿Qué podemos hacer los rocieros para prepararnos a vivir el Adviento?

Lo primero es coger papel y bolígrafo y anotar todo lo que necesito cambiar y escoger aquello que considero más urgentes en ese proceso de cambio.

Todo cambio supone una transformación, y toda transformación requiere espíritu de sacrificio, o mejor aún, decisión, perseverancia, firmeza y fe.

En esos previos del Adviento, antes de que ese tiempo llegue, podemos hacer un ejercicio de revisión. Muchas veces acumulamos en el corazón el peso de nuestro pasado, no terminamos de perdonarnos a nosotros mismos faltas cometidas, y menos todavía logramos perdonar heridas que nos hicieron. Nada mejor que sentarnos tranquilamente, en un lugar apartado, y pedirle a la Virgen del Rocío su luz y su mano, para recorrer con Ella esos capítulos de nuestra vida que nos provocaron dolor, sufrimiento… Con Ella es más fácil llegar a nuestro centro. Ella nos puede ayudar a quitar los escombros que no nos dejan ver el precioso edificio que Dios sigue construyendo en nosotros.

En cada herida, pide al Señor que te sane. En cada maraña de discordia y daño, pide a la Virgen que te enseñe a perdonar, que te libere de aquello de lo que tú todavía no te has liberado. Fíjate también en todo lo que has fallado tú y en las personas a las que deberías pedir perdón.

Es recorrer lo ya recorrido sin dejar un solo tramo para el rencor, la ira, el desprecio y todo lo que nos hace tener el corazón enfermo y atado.

Para cuando llegue el Adviento, acércate a un Sagrario, o vete un ratito a visitar a tu Simpecado, o a la Virgen si tienes la suerte de estar en Almonte… Enséñale tu cuaderno y dile que todo eso lo pones en sus manos con todo tu corazón.

Después, busca un día para acercarte al Sacramento de la confesión y entrégalo todo sin miedo, con confianza, dando gracias profundamente, dejando el alma libre de ataduras para que a tu vida llegue, de verdad, la Buena nueva.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es