Y Dios creó Andalucía




Hoy es un día importante para todos los andaluces. Es la fiesta de nuestra comunidad autónoma. Una comunidad que ha sabido ser tierra abierta para los que se han acercado a ella.

Siempre llena de luz, ha iluminado a los sitios más dispares del mundo. Su alegría, que parece venir en el paquete de regalos que supone nacer en cualquiera de sus ocho provincias, es sinónimo de “Vamos p´alante”.

Nacer andaluz, implica que en tu currículum cuente el optimismo como dato prioritario.

Nuestro clima, generalmente templado, brinda calorcito del bueno a los que nos visitan: Calor hospitalario, calor de acogida, calor del abrazo tranquilizador.

No hace falta citar su amplia cultura, que se extendió a los libros de textos. ¿Quién no ha memorizado versos de García Lorca, Juan Ramón Jiménez o José María Pemán? ¿Y qué me decís de la música de Manuel de Falla? ¿No os habéis quedado mudos ante sus riquezas monumentales?

Yo, la primera vez que vi la Alhambra de Granada, comprendí por qué un Rey lloró cuando la perdía.
El día que visité la Mezquita de Córdoba, acabé con dolor cervical porque mi vista no quería perderse un detalle de los arcos que unían tan majestuosas columnas y, si hubiera podido, no me importaría haber contado, uno a uno, los labrados en piedra de sus bóvedas.
Cuando contemplé en Jaén los inmensos campos de olivos, supe que Dios no se había equivocado realizando su obra.
Subí a la Giralda, y me di cuenta de por qué el Giraldillo decidió permanecer en su cumbre para siempre, porque no sabía con qué rincón de Sevilla deseaba quedarse y, desde allí, la tiene entera a sus pies.
El aire puro de la parte Oriental de Andalucía lo respiré en Almería cuando me adentré en sus paisajes tropicales.
El Mediterráneo me pareció más Mediterráneo que nunca en las playas de aguas azules de esa Málaga sin fronteras.
Me enamoré de Cádiz, la ciudad que más sonríe y más hace sonreír al mundo entero y envuelve en un halo de misterio a los que se atreven a pasear por su mágica caleta.
Por si fuera poco, fue Huelva la tierra desde la que Colón partió para que supiéramos de la existencia de América, tal vez, porque su proximidad a las marismas, le aseguraban la protección de una bendita imagen de María Santísima, llamada del Rocío, que volvería medio majareta por su belleza, a generaciones de siglos pasados y del siglo presente.

Es Andalucía el mejor joyero que tiene España y hoy he querido que el editorial tuviera tintes blancos y verdes.

Dios acertó en muchas cosas conmigo, pero cuánto le agradezco que me concediera la gracia de haber nacido de padres andaluces y de haber nacido andaluza.

En los días que Dios dedicó a la creación, a mí me da por pensar, que hasta que no creó Andalucía no descansó tranquilo. Por eso eligió para la Virgen del Rocío el trocito de cielo terrenal de su obra más maestra.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es