…Y por un instante se paró el reloj




Se ha parado el reloj de los corazones de los rocieros, que soñamos cada día del año con la llegada de una nueva primavera para postrarnos a las plantas de la Virgen del Rocío.

Se paró el tiempo, un tiempo del que nos creemos los dueños y que, en un abrir y cerrar de ojos, corre a merced de su único propietario.

El que tiene la llave de la vida, y nos da la libertad de actuar eligiendo entre el mal y el bien, parece que este año quiere mostrarnos cómo vivir Pentecostés de otra manera, porque los rocieros solo sabemos vivirlo al lado de nuestra bendita Madre del Rocío, participando en una inmensa misa de romeros y acompañándola en la anhelada procesión del Lunes por las calles de su Aldea.

Este año nos toca acompañarla de otro modo, nuevo, distinto, atravesando las arenas a la que la vida nos ha enfrentado, el de una pandemia que jamás pensábamos que fuéramos a vivir en pleno siglo XXI, y que ha derivado en la suspensión de la Semana Santa, la romería de la Virgen de la Cabeza, la feria de Jerez, la de Sevilla, las Fallas de Valencia, actos de todo tipo y lo más esperado por los rocieros: La romería del Rocío.

Era algo que esperábamos, que se rumoreaba, que sabíamos que podía ocurrir de un momento a otro, porque los datos de la pandemia nos decían que el virus tenía prisa por seguir expandiéndose y que el Rocío podía ser una de las mejores dianas para seguir haciéndonos la puñeta.

Pero no lo va a conseguir. No lo va a hacer porque la Virgen del Rocío es experta en conseguir del Señor los más increíbles milagros, y si no… Si no, que le pregunten a su pueblo, que tantas veces fue beneficiado por su protección, como ocurrirá ahora, en este año tan grande para Almonte, que la tiene en su parroquia durante nueve meses, y de la que parece no quererse ir hasta que haya pasado el peligro.

Era algo que esperábamos. Pero cuando lo comunicaba oficialmente el Presidente de la Hermandad Matriz, Santiago Padilla, una extraña sensación fue recorriéndome el alma, una fusión de sentimientos de paz, agradecimiento y dolor.

Debo decir que sentí un profundo respeto y admiración por los que con tanto acierto tomaron, la que debe haber sido, la decisión más difícil de sus vidas estando al frente de la Matriz almonteña. Una decisión digna del mayor de los respaldos, del más prolongado aplauso y de un abrazo lleno de afecto, de cariño, de cercanía, que calme las tensiones vividas y las vueltas a la cabeza y al corazón.

“…Y por un instante se paró el reloj”, como dicta unas sevillanas de Senderos. Se paró el reloj porque la Virgen nos necesita ahora unidos, rezando, orando, a sus plantas, haciendo “de cada día lunes de Pentecostés”. Ahora nos necesita cuidándonos para cuidar a otros, ayudando, tendiendo la mano, empujando una carreta de la que muchos ya se han quedado en el camino y otros siguen necesitándonos para avanzar en la senda y recuperar su salud.

Yo seguiré llevando la cuenta atrás hasta el lunes del Rocío, porque ese lunes no se lo quita nadie a la Virgen, ese lunes es su día y Ella hará que su manto vuelva a ser el puente por el que el Espíritu Santo descienda hasta todos nosotros.

No sé qué quieres de mí y de todos los rocieros con todo esto, pero enséñame, enséñanos, a ser tan fuertes como tú, para decirle al Señor: “Hágase en mí, según tu palabra”.

Nuestra confianza, nuestras esperanzas las tenemos puestas en ti. ¿Lo demás? Ya tú lo sabes, ya sabes de más que a pesar de las trivialidades en las que a veces nos entretenemos, te queremos con toda el alma.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es