Tú eres la Reina de Almonte




Qué difícil es escribir el editorial de hoy. Qué difícil sacar del baúl del alma los recuerdos sin que duela removerlos y saber que solo serán ellos, precisamente los recuerdos, los que hoy te hagan llegar a cada puerta, a cada casa, a cada calle y a cada persona que te espera, que anhela verte llegar como Reina a sus hogares de los que, sin la más mínima duda, tú eres la dueña.

Almonte tiene hoy la certeza de tu presencia y tu protección, y ese es el consuelo al que se agarran para no derrumbarse cuando se asomen a la ventana con la mirada perdida en el horizonte esperando verte aparecer.



Fueron tantas hojas las que se restaron al calendario, tantas conversaciones en la intimidad de la familia, en las que se llevaba la cuenta de los días que quedaban para que pasaran siete años, tantos los momentos en los que tú, Virgen bendita del Rocío, eras el centro de las reuniones de amigos, de los encuentros familiares, de las celebraciones importantes, y de ese día señalado en el que las casas se abren de par en par queriendo recibir de ti, aunque sea, el reojo de tu mirada... Fueron tantos los días soñando tenerte de procesión, como la más bonita de las reinas, que es complicado, muy complicado desatar el nudo de la garganta o aliviar el pellizco que aprieta en el corazón.

Todo pasa de siete en siete años para tu pueblo, porque tus idas y venidas marcan el compás de su espera. Siete años para que regreses a tu Iglesia de la Asunción, nueve meses para llenarse de tu luz y solo un día para que, como la Reina que eres, vayas derramando por cada adoquín las bienaventuranzas de tu manto antes que, de nuevo, vuelvas a tu ermita.



Y así se repite la historia, una y otra vez. Pero este año todo es distinto. La cuenta se ha detenido para que Almonte te siga teniendo en su parroquia, se ha detenido para que ningún almonteño se sienta desprotegido en medio de esta pandemia, se ha detenido para que sepan que en tus manos está la salud de los enfermos, se ha detenido para que salgan a tu encuentro y te recen y reafirmen su fe en ti y se abandonen en tus manos con confianza ciega. La cuenta se ha detenido porque tú sabes que ellos te necesitan y tu intercesión como patrona va por delante de cualquiera de sus súplicas.

¿Cómo no podría quererte a ti tu pueblo como te quiere si jamás le has fallaste cuando te necesitó, si ya libraste por tus hijos las más temidas batallas, si los salvaste de epidemias devastadoras, si les conseguiste el agua del cielo en tiempo de sequía del mismo modo que conseguiste que tu Hijo transformara el agua en vino en las bodas de Caná?

¿Cómo no podría quererte a ti tu pueblo como te quiere si cada generación de almonteños ha sido testigo de los milagros que mediaste para ellos, igual que estás mediando ahora para que salgan victoriosos del peligro?



No hay procesión por Almonte, no. Por la sencilla razón de que si la hubiera, significaría que en pocos días recorrerías las tres leguas de camino que te separan de tus marismas. No la hay porque no los vas a dejar hasta que te hayas asegurado de dejarlos a todos a salvo.

¿Puede haber algo más grande que tu corazón de Madre? Si hasta se me quiebra la voz de pensarlo, si hasta me tirita el alma de escalofrío al ver la fuerza poderosa de tu patronazgo sobre la tierra de tus amores.

Almonte espera por ti
las mil vidas que tuviera,
y volvería a existir
para que tú lo eligieras.
Vendrán nuevas primaveras,
y aún más, en el mar bravío
se tiraría al vacío
poniendo en ti su esperanza,
que el mar se vuelve bonanza
cuando te llama, Rocío.

Almonte es todo alabanza
y a su forma te venera,
te lleva como bandera
y de ti todo lo alcanza.
Tú eres bienaventuranza,
casa de Dios, templo abierto,
y nos mantienes despiertos,
bajo tu manto bendito.
Muéstranos al Pastorcito
Para llegar a buen puerto.

De par en par tiene Almonte
sus puertas a tu llegada,
blancas de cal sus fachadas,
todas sus casas abiertas
y el alma siempre dispuesta
a vivir a tu albedrío.
Almonte es un desvarío
y tú eres su mejor sueño.
La gloria del amonteño
Siempre serás tú, Rocío.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es