Pensamientos desde el corazón de la procesión de la Virgen del Rocío




En este, nuestro undécimo aniversario de Periódico rociero, he querido hoy seleccionar esta editorial, que escribí hace unos años sobre la procesión de la Virgen del Rocío.

Todo un año me llevo esperando el lunes del Rocío. Es el sueño que más anhelo ver hecho realidad cada mes de mayo o de junio, según nos marca la liturgia, transcurridos los cincuenta días posteriores al domingo de resurrección.



Y es que el lunes del Rocío, la imagen de la patrona de Almonte, que ocupa todos y cada uno de mis pensamientos, sale en procesión a recorrer las calles de una Aldea que lleva su nombre y que da cabida a miles de peregrinos y devotos que, por nada del mundo faltan a su cita.

No nací en el pueblo de Almonte, pero vivo el recorrido de la Virgen por las calles de su Aldea con auténtica pasión, con desvelo, con preocupación, con alegría y con agradecimiento. Si es un regalo verla salir cada año, mayor es la satisfacción de verla regresar a su santuario, después de haber visitado a cada una de las Hermandades que, enarbolando sus simpecados, esperan con ansias tenerla frente a frente.



Por eso pienso que la política no cabe en la devoción. El amor a nuestra Madre está muy por encima de las batallas entre partidos, entre alcaldías, entre provincias, entre acuerdos y desacuerdos de gestiones que son mal vistas por unos y bien vistas por otros; historias que distan bastante de la fe en María santísima. El amor a nuestra Madre se manifiesta cada pentecostés con su paso llevado y traído por los almonteños, dejando la estela de su luz allí por donde pasa, llevando la paz y el consuelo a cada persona que pone sus ojos en Ella, minando de esperanza las almas que viven el desconcierto y la pesadumbre, tocando las heridas de los corazones para sanarlas desde lo más profundo, abriendo el umbral de las tinieblas para devolverles la claridad y amasando la vasija de barro de la que estamos hechos, para que así, sin más, con la fuerza poderosa de su intercesión y su imagen ante nosotros, caigamos rendidos como niños pequeños, con los ojos llenos de lágrimas y todo el ser en un estado de alabanza.



Almonte ha sabido durante siglos canalizar el río de sentimientos de las gentes que han ido a participar de ese amor inagotable de su patrona, siempre supo responder al cariño, al esfuerzo y a la tenacidad de las Hermandades por propagar el nombre de su Pastora y su Reina, y desde mi posición en esta tribuna de cada día de periodicorociero.es – Periódico digital rociero, que me permite dirigirme a tantas personas, con toda humildad, yo ruego a este pueblo al que tanto quiero, que así siga siendo de generación en generación, que continuemos siendo testigos de cómo la sagrada imagen de la Virgen del Rocío está para unirnos, para sembrar el perdón, para hacernos reaccionar y estar cerca de los débiles e indefensos, que son los predilectos de su Pastorcito Divino.



Te lo pido, Almonte, porque te conozco desde que no tenía ni uso de razón, tú me enseñaste a hacer del amor a tu patrona un motivo para vivir. Aprendí que cuando se quiere a la Virgen, es para siempre y que quererla tiene que transformarnos la vida y las actitudes, y la forma de ser y de estar.

Los mayores sois la sabia para los que ahora empiezan a arrimarse a los bancos y costeros, los jóvenes sois la ilusión del hoy y la esperanza del mañana. Juntos, transmitiendo valores que jamás han de perderse, sois el ejército de amor de la Virgen del Rocío: su amor siempre en lo alto, siempre arriba. Que nunca se manche su nombre ni se utilice su advocación para otra cosa que no sea dar la mano, extender la paz y ser antorchas de misericordia.



Gracias por haberme permitido, un año más, sentir la mirada de la Virgen del Rocío el lunes de pentecostés.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es