Gratitud



Pese a que a veces las cosas no son como desearíamos, no puede ni debe faltarnos en el corazón un profundo sentimiento de gratitud por todo lo que somos y tenemos, por todo lo que damos y recibimos.

Porque en función de cómo somos, así tenemos y también recibimos, en proporción a lo que somos capaces de dar.

Me comentaba Toñi, una amiga generosa donde las haya, en uno de esos momentos de mesa camilla donde se habla de lo humano y lo divino y se profundiza en tantas cosas, que ella no siente que la vida le responda con la misma medida con la que da. Que está harta de consolar, de apoyar, de animar, de respetar, de regalar, de acompañar, de callar ante los desprecios, de soportar... Y que a cambio ella recibe bastantes sinsabores que ahora le toca estar pasando.



“¿Qué he hecho yo para merecer esto?”, decía entre sollozos cuando desnudó el corazón abiertamente.

El “camilleo”, -como mi grupo de amigos suele llamar a esos ratos de tertulia que nos apasionan, que no cambiamos por nada del mundo y que culminan hablando de la Reina de las Marismas que nos tiene tan unidos-, se convirtió para Toñi en una sesión de terapia que, curiosamente, terminó por servirle también a otros contertulios.

-¡Venga, Toñi!, -le dije-, que tú vales más de lo que piensas. Coge dos hojas, escribe en una todos los motivos que recuerdes, desde tu infancia, por los que siempre vas a estar agradecida y en otra aquellos que quisieras hacer desaparecer para siempre.

Después de un silencio que solo se rompió porque alguien dijo la frase “ha pasado un ángel”, el resto de los que nos tapábamos con el paño de estufa, terminamos con dos folios en las manos haciendo nuestra lista.



Una de las cosas era común a todos, con las mismas o con distintas palabras: “Gracias por ser rociero” y así, el folio de los agradecimientos se quedó pequeño y el folio de los borrones, para algunos, no ocupó más de la mitad de una cara de la hoja.

Y es que son tantos los motivos para agradecer que deberíamos, de vez en cuando, poner en la práctica este ejercicio que os recomiendo y que te esponja el alma de esa gratitud que llevamos dentro y que no dejamos aflorar.

Desde que abrimos los ojos por las mañanas, nuestro primer pensamiento, nuestra primera palabra y nuestra primera acción debería ser “Gracias”, porque por muy duras que puedan ser las dificultades y circunstancias que se viven, solo son cosas puntuales que están en medio de una inmensa creación de la que podemos servirnos a nuestro antojo, porque se nos regaló gratuitamente y en ella hay herramientas, situaciones y soluciones a nuestro alcance que solo podremos ver en cuanto dejemos de fijarnos en la nube negra.



Por eso hoy, con algo de frío y en este domingo que en mi tierra ha amanecido radiante de sol, quiero darte las gracias a ti, que me estás leyendo ahora en periodicorociero.es, porque tú eres otro de los motivos que puso en mi vida la Virgen del Rocío.

Que Ella, que es la principal fuente de la gratitud, nos enseñe a darle continuas gracias a Dios. Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es