Día del DOMUND: Domingo mundial de las misiones




Conservo, como si fuera un valioso diamante, el carnet que cuando era pequeña me convertía en socia del “movimiento infantil misionero”.

Entre las cosas que más me gustaban de mi colegio era el día en el que se nos entregaba un pequeño sobrecito, de color marrón, para llevarlo a casa y traerlo con los donativos que pudiéramos conseguir para el DOMUND, el día mundial de las misiones.

Yo hacía mis pinitos para que el sobre engordara lo máximo posible. No solo mis padres hacían su aportación, me encargaba de involucrar a todos y cada uno de mis vecinos, y me sentía la más feliz del planeta cuando el contenido de ese sobre creía, y con el que estaba convencida que iba a quitarle el hambre a todo el mundo.



Me parece que desde que tengo conciencia he sentido en mi corazón un compromiso fuerte con las misiones, donde hay grandes personas que, dejándolo todo, se han marchado a lejanas tierras y lugares remotos para llevar su ayuda y ser voz de los más indefensos.

En mis oraciones a la Virgen del Rocío siempre están esos países y esa gente de una generosidad descomunal a la que no le importa arriesgar su vida por esta causa.

En esas oraciones tengo a rostros concretos, algunos ya con abundantes arrugas por el paso del tiempo en sitios como Perú, Mozambique o Venezuela. Han sintonizado de tal forma con la cultura de aquellos y otros países que son, realmente, pobres entre los pobres y han sabido llegar a la raíz de sus miserias y por eso están en peligro de muerte, porque les ayudan a duras penas para que salgan adelante, y se encargan de recordarles lo que valen, lo que pueden y lo que tienen que conseguir cuando otros se encargaron de hacerles sentir justo lo contrario.



Hoy es el día del DOMUND y, hoy, especialmente recuerdo ante la Virgen del Rocío a los que se están muriendo de hambre, porque un solo granito de arena de cada uno, uno solo, podría acabar con esta miseria que es incomprensible en nuestros días, donde fomentamos tanto las sociedades del desarrollo y las grandes evoluciones, donde la carrera por tener y por aparentar parecen imponerse a las cosas verdaderamente importantes.

Pido a la Virgen del Rocío que nos haga misioneros allí donde estemos, y que nunca olvidemos a los que están en situaciones extremas de dificultad y a los que están en medio de los que padecen esas situaciones para acompañarlos y ayudarlos.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es