Tenía que ser así




Tenía que ser así, Madre nuestra del Rocío. Sabíamos que era difícil que todos los que te queremos pudiéramos estar arremolinados contigo, viéndote en tu procesión de Reina por Almonte, o regresando al Rocío en tu traslado de vuelta, o en la Romería que, por segundo año consecutivo, se ha suspendido.

No cabía otra opción. Pero aunque lo sabíamos, aunque todos los rocieros teníamos asumido que estábamos remando contigo en el barco de la salud, no hemos podido reprimir alguna lágrima, fruto de los anhelos que sentimos de que esto pase pronto y que, con la misma prontitud, podamos verte a hombros de tu pueblo, que es la estampa más bonita que nadie pueda imaginar.

Estamos en tus manos, que ahora caen del peso de tantas súplicas. Y eso me lleva a pensar en ti continuamente, en que esta también es una manera de formar parte de esa multitud que te quiere acompañar cada lunes de Pentecostés.

Tenía que ser así. Almonte está curtido en estar abierto a los signos de los tiempos. Ha mantenido por siglos la esencia de tu devoción y ha propiciado los cambios oportunos que, en cada época, se han ido precisando para gloria de tu nombre, para el bien de todos los rocieros.

Este siglo, el XXI, los cambios han necesitado un sacrificio mayor, porque una pandemia aún sigue robando la salud y quitando la vida a muchas personas. Tú sigues cuidándonos, permaneces en tu Altar de la parroquia de la Asunción, esperando pacientemente tu vuelta a la ermita de nuestros sueños, pero contenta de velar por tu pueblo y por cada uno de tus hijos.

Tenía que ser así, a pesar del pellizco en el alma que aprieta al escucharlo y que todavía debe ser más doloroso para quien lo comunica.

Por eso no podemos bajar los remos, y si se caen los remos hay que seguir con los brazos para que este barco no se vaya a la deriva, y ayudarte con nuestra confianza y nuestra oración a llevarlo a buen puerto, donde siempre llegan los que ponen en ti su mirada.

Te ruego que nos libres de todo peligro, pues nuestra confianza está puesta en ti pero nuestra fragilidad nos hace temblar en medio de la tormenta. Sálvanos, Reina de nuestros corazones. Toma de tu mano a los que están solitos en los hospitales, respirando artificialmente, bregando por vivir. Dales tú el aire que necesitan, apriétalos sobre tu corazón para que tus latidos restauren los suyos. Abraza con tu fuerza mediadora a los médicos, enfermeras, auxiliares y todo el personal sanitario, asístelos a ellos para que puedan seguir siendo instrumentos para los demás.

Nuestro sacrificio no es nada a cambio del que otros están padeciendo. Por ellos, por las personas que queremos, por los que nos necesitan, por los que te necesitan a ti, te ofrecemos este próximo Rocío que volverá a ser diferente, pero volveremos a vivir contigo, desde la profundidad que nos exige el Señor, desde la serenidad con la que tú nos invitas a decirle a Él “Hágase en mí según tu Palabra”.

No nos sueltes, de más sabes cuánto te necesitamos.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es