Todo pasará, pero siempre quedará Ella




Eran otros tiempos aquellos en los que la Virgen del Rocío visitaba a su pueblo en momentos de verdadera necesidad. Su pueblo necesitaba de su presencia y caminaba a su encuentro para buscarla y llevarla sobre sus hombros hasta Almonte, recorriendo las tres leguas que lo separan de la Aldea.

Era tan necesaria su presencia y, tan seguros estaban de que nada pasaría si la Virgen estaba entre ellos, que las rogativas por que llegaran las lluvias o cesaran las epidemias se expresaban así, con los traslados de su Patrona para suplicarle su ayuda.

Con el paso del tiempo, los traslados fueron fijados cada siete años. Así ocurría el 19 de agosto del pasado año 2.019, cuando Almonte explotaba de gozo para recibir, una vez más, a la Reina de sus vidas, cuando nada hacía presagiar todo lo que iba a ocurrir meses después de su llegada a la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción.

La Virgen, en su último traslado, no solo llegó para quedarse durante nueve meses en Almonte. En enero se originó una epidemia en China y, el 14 de marzo de 2.020 España, como había ocurrido con otros países previamente, cerraba las puertas de sus casas para mantenerse a salvo de lo que ya era una pandemia.

Nunca pudimos imaginar nada remotamente parecido. Por cerrarse, se cerraron las puertas de las Iglesias. También las de la Asunción de Almonte. Nuestras casas se convirtieron en Iglesias domésticas, desde donde celebrábamos la eucaristía gracias a las redes sociales, uniéndonos a nuestros Sacerdotes, a nuestras parroquias, sintiéndonos cerca a pesar de estar tan lejos.

Poco a poco se iban suspendiendo actos, eventos, fiestas, celebraciones de toda índole… Veíamos que se acercaba la hora, y que un día también los rocieros conoceríamos la noticia que no queríamos escuchar: “Queda suspendida la romería de 2.020”.

Hace pocos días volvíamos a escuchar la misma frase, sobre la romería del 2.021, también suspendida por los mismos motivos.

No puedo dejar de pensar en que van a ser dos años sin romería, no puedo dejar de pensar en el pueblo de Almonte, el pueblo de la Virgen, los dueños y custodios de la bendita imagen de la Virgen del Rocío, el pueblo que más la quiere y que más generoso es de compartirla con el mundo.

Pero tampoco puedo dejar de pensar en que todo pasará y la Virgen, y el amor a la Virgen y de la Virgen seguirá intacto, aún más fortalecido después de esta locura que está azotando a la humanidad.

Pasará la pandemia y volverá la romería y nos echaremos a los caminos como siempre los hemos conocido, aunque ahora tengamos que recorrerlos de otro modo, porque hay que saber caminar en toda circunstancia para llegar al mismo destino.

No sabemos cuándo regresará a su Santuario la Virgen al Rocío, pero regresará. No sabemos cuándo la veremos en procesión por las calles de su pueblo, pero saldrá. No sabemos cuándo será la próxima romería de Pentecostés, pero volverá a celebrarse.

Porque por encima de nuestros miedos, por encima de nuestros temores, por encima de la enfermedad, de las dificultades, de las tempestades… Por encima de nosotros y sobre nosotros está el amor de Dios que se derrama cada día para despertarnos de nuestro letargo y nos envía un río de gracia en las manos intercesoras de la Virgen del Rocío, a quien rezamos, imploramos y suplicamos:

“Sálvame, Virgen María,
óyeme, te imploro con fe.
Mi corazón en ti confía.
Virgen María, sálvame…
Sálvame”.

…Y nos salvará. Y todo pasará, pero siempre quedará Ella.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es