¿Cuándo llegará el día?




Para cuando vuelvas al Rocío quiero tener el corazón preparado y el alma dispuesta a llenarse de ti, y llegar a retener tu imagen en mis sentidos, que serán nuevas y únicas.

Para entonces y hasta entonces, te suplico que me guardes con salud, a mí y a todas las personas a las que quiero y sé que me quieren, que nos libres de todo peligro, de todo mal y que nos ayudes para que nosotros tampoco seamos un peligro ni causemos mal o daño alguno a nadie.

No te puedes imaginar, Madre mía del Rocío, cuánto anhelo tu vuelta, porque esa será la señal de que las cosas están mejorando, de que la salud reina en el mundo, de que llega un tiempo mejor por el que tú no dejas de interceder.

¿Cuándo será ese día, Madre mía? ¿Cuándo llegará ese momento?

Lo imagino y se me eriza el vello, solo de pensarlo. Lo sueño y, estoy segura, de que superarás con creces nuestra imaginación y nuestro pensamiento, porque Tú eres grande, Madre buena; Tú eres nuestra esperanza y derramarás tu luz por donde vayas pasando.

Los días van tachándose en el calendario sin fecha fija para verte regresar a tu Aldea. Las hojas caen con el único objetivo de que sigamos viéndolas caer, sumando o restando, una más o una menos para tu vuelta, para un nuevo Rocío, para que la pandemia haya terminado.

No sabemos cuándo llegará ese día, pero para cuando vuelvas al Rocío, tennos a salvo, cuídanos bajo tu manto poderoso, sánanos de heridas abiertas, alimenta en nosotros el amor y la bondad, haznos más dóciles a la voz del Señor, permítenos ser testimonios de la salvación de Dios, concédenos ser portadores de paz y de alegría, libéranos de cadenas innecesarias, empuja nuestras puertas del alma para que se abran de par en par a la acción de tu Hijo Jesús, danos todo tipo de bienes, enséñanos a ser instrumentos suyos, impúlsanos a ser humildes y generosos, otórganos el don de la oración y que, como tú, proclamemos con gozo las grandezas de Dios.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es