Se queda para siempre




Cuando la Virgen del Rocío entra en tu corazón lo hace para quedarse para siempre. No importa si, por algún motivo, tú te empeñas en apartarla de tu vida, en no querer reconocer su presencia, en alejarte de Ella porque piensas que no te escuchó o que te abandonó a tu suerte. Cuando la Virgen del Rocío entra en tu corazón, se queda en él aunque no te percates de ello.

Porque es lo que le pedimos una y otra y otra vez en el canto de la Salve, “aunque mi amor te olvidare, tú no te olvides de mí”. Y no lo hace. La Virgen lo guarda todo en su corazón y espera en silencio nuestras idas y venidas. Lo hace respetando nuestro tiempo y ayudándonos a respetar el tiempo de Dios.

Se queda para siempre, sí. Porque su presencia es fortaleza, es alivio para nuestros pesares, consuelo para nuestras penas, abrazo para nuestras alegrías, puerta abierta para nuestras oraciones… Y en su presencia todo vuelve a la calma que necesitamos para seguir viviendo.

No hay distancias para volver a Ella, porque Ella está, siempre está. No tiene puertas cerradas sino abiertas de par en par para todos sus hijos. Está para acompañarnos en el camino, está para iluminar nuestras noches, está para que a nuestros días no le falte su protección, está para hacernos mantener la paz, está para ser faro de nuestros pasos, está para darnos su mano cuando el sendero se hace más pedregoso, está para empujarnos hacia nuestras metas, está para que no nos falte entusiasmo, está para que no perdamos la esperanza, está para hacer robusta nuestra fe, está para que aprendamos a ser humildes, está para que donde está Ella todo se llene de Dios.

Su corazón se ensancha al recibirnos y se queda en el nuestro desde el primer momento que nos encontramos con Ella.

Pero aunque la Virgen se queda para siempre, no seamos desagradecidos, e intentemos siempre actuar para agradarla y no para empañar con nuestras actitudes lo que nos aleja de Ella y del Pastorcito Divino. Que sean sus bendiciones las que nosotros repartamos por donde quiera que vayamos, para que a través nuestro, los demás también conozcan las grandezas de su amor.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es