En todo momento




Tengo presente a la Virgen en las cosas más simples y en las que me parecen más grandes. En todo momento y en cada situación sé que está conmigo, la necesito; cuento con Ella porque si no lo hiciera no tendría la fortaleza que me da cuando a mí me falta.

Tengo presente a la Virgen cuando abro los ojos cada mañana, y le digo “allá vamos”, y Ella sabe de mis ánimos mejores y peores, pero voy de su mano para no caerme, o para levantarme, si me caigo.

A lo largo del día, no sé por qué ocurre, pero por un motivo o por otro, aparece en mi pensamiento sin ser llamada, y me doy cuenta de que es obra suya, para recordarme que está conmigo, y es como si mi corazón diera un salto de trampolín, porque me siento en el mismo cielo aunque pise con firmeza la tierra.

En todo momento me acompaña, unas veces hace ruido a su manera, para que no tenga dudas de que está. Otras guarda demasiado silencio y así se fortalece mi fe. Simplemente está y eso lo engrandece todo.

Conforme pasan los días y, sobre todo, los años, esa necesidad crece y se hace más madura y más responsable. Nunca pude imaginar que pronunciar su nombre me abriera tantas puertas, rompiera tantos muros, liberara tantas cadenas y sanara tantas heridas.

Porque si nuestra fe no nos hace superar escollos, no nos permite avanzar, no nos deja arrancar de nuestros corazones la maleza que acumulamos, no estamos haciendo ningún camino hasta el Rocío, no es el sendero acertado. El que lleva a la Virgen, es una camino de transformación, de esperanza, de conversión, de humildad, de aprendizaje, de generosidad…

Cuando la Virgen está presente, se nota. Nada se queda igual que estaba. Todo mejora porque con su gracia y con su luz, acabamos viendo lo que ocurre dentro de nosotros con una mirada nueva. Exactamente igual que si un ciego recobrara la vista o un sordo recuperase el oído. Ella nos muestra el camino, nos enseña a actuar en verdad y nos conduce a Jesús, que es nuestra vida.

Estuvo presente ayer. Está presente hoy y así quiero que siga siendo hasta mi último aliento. Porque la vida se me llena de paz teniendo a la Virgen del Rocío en mi alma, en todo momento.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es