En el ecuador de la cuaresma




Hoy estamos en la mitad del tiempo litúrgico que nos ocupa. Justo en la mitad. Se han ido veinte días desde el miércoles de ceniza y quedan otros veinte para el Domingo de Ramos.

Llegados hasta aquí, me pregunto si todo eso que cada uno decía que iba a hacer cuando empezaba la cuaresma lo ha cumplido, si finalmente no hizo nada de lo que se había propuesto, si ahora ve estos veinte días que quedan como la oportunidad para hacerlo o si le parece poco tiempo para seguir sin hacer nada.

De cualquier modo, lo importante es no desanimarnos y aceptar con humildad que nuestro camino no solo no termina nunca, sino que comienza cada día, por lo tanto siempre estamos a tiempo de reconducirnos a nosotros mismos.

Yo suelo mirar el vaso medio lleno, por lo menos intento verlo así, por eso veo estos veinte días que aún quedan de cuaresma como una preciosa oportunidad de no tener miedo a ponernos en camino, si aún no lo hemos hecho. Quizá, el que no se dé ningún paso, solo es una señal de que sentimos temor de enfrentarnos al desierto, y en él descubrir que es dentro de nosotros, y no fuera, donde hay muchas cosas que arreglar.

En este ecuador de la cuaresma, lo mejor que podemos hacer es tener una actitud de humildad, ponernos delante del Señor, darle la mano a la Virgen del Rocío para que Ella llene de luz nuestros ratos de oración, y decidirnos a romper el círculo de nuestra comodidad, de nuestra pereza, de nuestra dejadez, de nuestro pasotismo, de nuestra indiferencia…

No pienses en que llevas tiempo de retraso con respecto a otros que, quizá, se adentraron ya en el desierto. Piensa que todos tenemos nuestro tiempo, y que el tiempo solo es de Dios y para cada uno tiene el suyo.

Da el paso, camina junto a la Virgen, pídele ayuda cuando te veas sin ganas o sin fuerzas, dile que fortalezca tu voluntad, que te dé un corazón disciplinado para las cosas de Dios y así también lo serás para el resto de tus cosas, en cada apartado de tu vida.

Estamos en la mitad de la cuaresma, sí. Justo en la mitad. No desaprovechemos ni un solo segundo más para que no pase desapercibido un tiempo hermoso, de preparación del corazón, para llegar a la ansiada Resurrección con júbilo en el alma.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es