Tesoro de oraciones para el corazón de la Virgen




En el corazón de la Virgen hay un tesoro de oraciones que Ella guarda como nadie para mantenernos a salvo.

Su tesoro es valioso, porque nunca pasa desapercibido nada de lo que le confiamos y siempre acaba por darnos por encima de lo que necesitamos.

A veces, nos sentimos desvalidos. Nuestras dudas y nuestra fe débil nos hacen sentir en la cuerda floja y afloran las miserias y las flaquezas que intentan enraizarse en lo más hondo de nuestros corazones.

Pero a pesar de toda esa debilidad, la intercesión de la Virgen es poderosa y la fuerza de su corazón es más que suficiente para hacernos emerger del lodo y llevarnos a orillas llenas de calma y de misericordia.

Todo cabe en su corazón, porque su corazón todo lo cura, sana heridas que parecía que nunca iban a cerrarse, y es una puerta abierta a la liberación de las situaciones que, a veces, nos hacen sentir prisioneros.

Si tomáramos la decisión de dar un solo paso hacia la Virgen, Ella daría el resto de los pasos hacia nosotros. Su humildad la hace permanecer a la espera, sin acecharnos, respetando que elijamos vivir a nuestra forma y con nuestros tiempos, para que nos demos cuenta de que, realmente, estamos en el tiempo de Dios.

Es toda una experiencia descubrir cómo se hace presente en lo simple, en lo cotidiano, en las cosas sencillas de cada día. Una experiencia que nos hace sentir renovados, como si volviéramos a nacer, como si hubiera etapas nuevas que, bajo la mirada de Dios, son distintas a todas las vividas.

Hay un tesoro de oraciones en el corazón de la Virgen, de súplicas, de plegarias, de desesperación, de ruegos, de dolor… Y también de esperanza, de acción de gracias, de alabanza, de veneración, de fe, de consuelo, de confianza plena, de absoluto abandono a su intercesión.

Y no faltan nunca oraciones para Ella que, como siempre, como nos enseñan los Evangelios, guarda celosamente en ese corazón donde cabemos todos, los de antes, los de ahora y los que llegarán mañana. Todos tenemos un lugar en su regazo y un hueco en lo más hondo de su ser, donde podemos respirar en el pozo de su infinita ternura y en la infalible fuerza de su intercesión.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es