Los nervios a flor de piel




Llegados a estas fechas siempre andamos con los nervios a flor de piel. Es lo que tiene ser bendecidos con la devoción rociera y llevar a la Virgen del Rocío en lo más profundo de nuestros corazones.

Cuando pasa la Semana Santa y queda menos de la cuenta atrás, que empieza tal como acaba un Rocío y empieza otro, la meta y los sentimientos están puestos únicamente en Pentecostés.

Hablamos de forma habitual del costo rociero, de esa lista que viene a ser la misma de cada año, en la que terminamos por quitar algo que nunca hace falta, pero se acaba llevando por si acaso, y en la que añadimos alguna novedad por si pudiera mejorar este o aquel detalle.

Pero lo que no falta jamás es esa bendita sensación de los nervios disparatados, con una alegría inexplicable que nace del fervor que sentimos por la Virgen del Rocío, de lo felices que somos cuando nos preparamos para celebrar con Ella, por Ella y para Ella la fiesta de Pentecostés.

Es una fiesta grande, gloriosa, que para los rocieros es más grande, si cabe, porque cuenta con los cultos que el pueblo de Almonte lleva a cabo en honor a su Patrona, que convocan a miles de personas llegadas de todos los puntos y que, tras el domingo de Pentecostés, tiene el regalo de la procesión de la Reina de las Marismas, visitando a las Hermandades que hicieron un largo camino para llegar a sus plantas.

No hay nada que iguale la celebración del Rocío, por la que muchos lo dejamos todo por estar con la Virgen.

Serían incontables los sacrificios que muchos devotos de la Pastora almonteña son capaces de hacer por no faltar a su cita.

Y es que la cita de los rocieros es, cada año, la más anhelada y la más esperada, porque por una parte intentamos devolverle con nuestra presencia los favores que su mediación nos concede, deshaciéndonos en acción de gracias a Ella, y por otra volvemos a expresarle nuestra confianza y lo mucho que la seguimos necesitando.

A pesar de que nuestra relación con nuestra Madre bendita del Rocío es diaria, en estas fechas se intensifica y, del mismo modo que en Adviento y en Cuaresma necesitamos estar más ratos con el Señor, también ahora es una auténtica necesidad el dejar que nuestros corazones se llenen hasta el borde de todo lo que nos hable de Rocío.

No importan las dificultades ni las facilidades que nos presenta la vida. Sabemos que la tenemos a Ella y eso nos da fuerzas para todo, y los nervios son un mero reflejo de la ebullición de emociones y sentimientos que nos remueven el alma.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es