Aunque la Cruz pese, confía en ti mismo como lo hace Ella



Shakespeare decía que “cuesta toda una vida ganarse la confianza de alguien y sólo un segundo para perderla”. Sin embargo no ocurre así entre la Virgen del Rocío y sus hijos. Si cien veces le diéramos motivos para que no confiase más en nosotros, cien veces abriría sus brazos, nos dedicaría la mejor de las sonrisas y apretándonos fuerte sobre su corazón susurraría a nuestro oído: “no pasa nada, yo te ayudaré, confía en ti mismo como yo lo hago”.

Y a veces caemos en el error de perder en nosotros la confianza, de pensar que no vamos a poder subir peldaños que nos suponen enormes sacrificios y sentirnos impotentes ante situaciones que amenazan con desbordarnos.

Cuando eso ocurre hay que anudar, con más fuerza, el lazo de la Fe y responder con confianza ante la adversidad, con la certeza de que nada ocurre por casualidad y todo forma parte del plan amoroso de Dios para cada uno de nosotros que sólo disfrutarán aquellos que lo esperan.

Por más que nos pesen los hombros de soportar una Cruz, la Cruz no se nos ha dado para arrastrarla, sino para abrazarla mientras caminamos con ella, porque los que la abrazan resucitan de sus pesares y los que la arrastran terminan por abandonarla en algún escondrijo del camino. Seguro que alguien que viniera detrás sentiría envidia de seguir caminando con la suya y no haberla cambiado por la que otros desecharon.

Dios nos ha dado a estrenar un nuevo día y con él más y nuevas oportunidades se presentarán por delante. Antes de salir a la calle, antes de entrar en el trabajo, antes de relacionarte con las mismas personas o con otras que verás por vez primera, antes de todo eso, coge tu Cruz, sácale brillo, que no se noten demasiado las astillas por el paso del tiempo, llévala con dignidad, abrázala y, cuando no puedas con ella, recuerda que la Virgen del Rocío estará llevando la mayor parte de tu peso y tú a penas serás su humilde cirineo.

La Virgen del Rocío nunca perdió la confianza en ti, por lo tanto, ¡confía!. Confía profundamente en Ella que jamás te va a fallar. Confía en ti mismo y abandona el miedo y deja que Dios, que es el único que lo puede todo, haga el resto.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es