Estar contentos siempre



El tiempo pasa con su compás de siempre. Hace unos meses hablábamos de la oleada de frío, de las lluvias torrenciales que anegaron tierras, caminos y casas y ahora hablamos del sol, del calor sofocante que padecemos y el que está por venir y que nos tendrá algo atontados a todos. Nos levantaremos como si hubiéramos tenido que padecer una paliza, cansados de dar vueltas en la cama a un lado y a otro, buscando la parte más fresca de la sábana y deseando escuchar “al hombre o la mujer del tiempo” para saber si las temperaturas del día irán en aumento o nos darán alguna tregua.

Somos tan propensos a quejarnos que así tuviéramos una temperatura ideal, seríamos incapaces de movernos de la mitad de la botella medio llena o medio vacía y más de uno diría: “Preferiría un poco de más calor para ir a la playa porque soy friolero” o tal vez, “Podría hacer algo de más frío para dar un paseo por la sierra”. Lo que unos consideran ideal otros lo ven aburrido o insuficiente.

El que tiene el mar a metros de su casa no lo pisa para no llenarse los pies de arena y el que vive lejos del mar sueña con pasearse descalzo por la orilla de alguna playa, sin importarle la incomodidad de sacudirse los pies antes de volver a calzarse. La vorágine de la sociedad nos ha empujado tan bruscamente hacia el afán de poseer, que aquello que poseemos no sabemos valorarlo.

Pobre de aquel que piensa que la felicidad consiste en tenerlo todo, porque lo conseguirá todo pero seguirá siendo infeliz. La felicidad es el don de disfrutar con cada etapa del camino de la vida, cuando se tiene menos y cuando se tiene más, cuando se está enfermo y cuando se está sano. Cuando se está en lo alto y cuando se está subiendo para llegar. Por eso es importante fiarse plenamente del que está a tu lado mientras no tienes, mientras te sanas, mientras caminas subiendo la pendiente, porque los que pretenden acompañarte únicamente cuando estás arriba, cuando estás sano y cuando llegaste de un camino, no sirven de nada para compartir senderos.

La felicidad es un don gratuito del que hay que sacar provecho. Nace con nosotros y nos pegamos por buscarla en lo externo. Es demasiado sencilla como para complicarnos tanto la vida.

Practicar el agradecimiento ante la Virgen del Rocío es un ejercicio, a veces, olvidado. No todo ante Ella y ante su Hijo es “necesidad”, también es importante agradecer. Puede que siempre estemos necesitados de algo, pero no podemos olvidar en su presencia lo que otras veces le pedimos y nos fue concedido. En la medida en que seamos agradecidos por lo que somos y tenemos ahora, iremos recibiendo nuevas bondades de Dios para que sigamos dándole gracias, permaneceremos en un estado de alegría interior y, pese a todo, siempre habrá motivos para estar contentos. Eso es para mí la felicidad.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es