Las Misas rocieras



En cierta ocasión me comentaba una persona sobre lo “duros” que se vuelven algunos Sacerdotes cuando se les pide participar en la Misa con cantos rocieros.

En este aspecto de la música, tengo clarísimo que los rocieros tenemos un campo por delante para trabajar mucho. Un campo que debemos abonar, arar y cosechar con respeto, cariño y formación.

La MISA es lo más grande que el cristiano tiene. Participar en ella con moniciones, cantos… Debe contribuir a un mayor acercamiento del Misterio que celebramos. Con ello debemos ayudar y no "despistar" de lo que realmente se celebra.

Los rocieros, a veces, sin darnos cuenta, ensalzamos el canto desviándolo de lo auténticamente importante, y confundimos a los que celebran la Eucaristía con frases que no tienen nada que ver con el momento que se está viviendo.

La Virgen del Rocío sólo disfruta si lleva a sus hijos a Dios. En la comunión es Cristo el más importante, el Pastorcito Divino, por eso a Él deben ser enviadas nuestras oraciones cantadas.

Es, bajo mi más modesto entender, una de las grandes asignaturas pendientes de los rocieros y por supuesto un reto hermosísimo para los valientes que se animen a componer Cantos que se ciñan a nuestra rica e intensa Liturgia.

Por eso comprendo que haya Sacerdotes que se "echen a temblar" cuando un grupo o un coro rociero va a cantar en la Eucaristía, porque debido a ésta errónea forma que se ha venido utilizando, a la hora de incorporar los temas en las Misas, temen que siga ocurriendo.

Confiemos en nuestros Sacerdotes, y para eso empecemos nosotros ganándonos su confianza, haciendo que los cantos no sean sólo un mero lucimiento para quienes cantan, o un elemento de lujo en las bodas, comuniones, bautizos...

La música es un Ministerio: trabajemos juntos para que música y letra vayan siempre en consonancia y armonía con la celebración del Misterio Eucarístico.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es