Sombrero de flores




Recuerdo, como si fuera ahora mismo, la primera vez que vi a la Virgen del Rocío vestida de Pastora. Han pasado muchos años desde entonces, pero lo tengo vivo en mi memoria y es algo que no he olvidado y que nunca en la vida quisiera olvidar.

Lo que más pronto se me vino a la vista fue su sombrero de flores, el colorido de todas ellas, el sol que en ese momento entraba por la puerta de la ermita y que parecía que fue a iluminar su rostro, para que yo no distrajera mi vista en nada más que en Ella.

Era una niña, pero recuerdo que me puse a llorar y le dije a mis padres que no sabía qué me pasaba.

Me pareció una postal no apta para ninguna cámara de fotos. Fue una postal que yo conservo en mi corazón y a la que he vuelto más de una vez cuando rememoro con nostalgia momentos bonitos de mi infancia.

Posiblemente, aquello comenzaba a ser una toma de conciencia de la realidad de mi vida, el reconocimiento con aquellos pocos años que entonces tenía, de que la Virgen era una más, pero no era alguien cualquiera, era especialmente grande para nosotros, para mi familia, y estaba allí, delante nuestra, con una ropa muy linda que destacaba la belleza de su rostro, con una dulzura imponente y preparada para hacer su viaje.

Qué hermosa estaba. Me decía que la mirara mucho, porque así, tal como la estaba viendo, ya no podríamos verla otra vez hasta dentro de siete años, y en ese tiempo podían pasar muchas, muchas cosas.

…Y yo la miraba y con mi infancia en el alma, le pedía que si fuera posible, cuando pasaran siete años, nos dejara estar allí otra vez.

Desde aquel día han pasado varios traslados por mi vida, y no sé por qué, cuando la Virgen vuelve a ser vestida de Pastora, se me van los ojos sin poderlo remediar a su sombrero de flores.

No pierdo de vista la hermosura de su rostro, pero esas flores me recuerdan la historia de amor de toda una vida queriéndola, rogándole, agradeciéndole, esperando… Y es acercarme a Ella y vuelvo a ver a aquella niña, traviesa y cantarina, que iba de la mano de sus padres y que siempre soñaba no faltar al Rocío, porque me da la vida. Seguramente porque, desde aquel momento, aprendí a ver el colorido de las flores de su sombrero hasta en los días más oscuros.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es