Pues no me da la gana




No me da la gana de conformarme con lo simple. No me refiero a las cosas sencillas, con las que, por cierto, disfruto más que un montón. Me refiero a lo rápido que nos acomodamos a lo que nos quita “tarea” de encima, teniendo así la justificación perfecta para no hacer nada o casi nada.

Quietos no nos podemos quedar, porque los rocieros somos personas de fe, somos gente de camino y, si no caminamos, no llegamos a ninguna parte.

¿Por qué los bares abiertos y nuestras Hermandades cerradas?
¿Por qué los partidos de fútbol en las pantallas de las peñas de los distintos equipos y nuestras Iglesias con la puerta entornada?
¿Por qué los conciertos abiertos con su límite de aforos y medidas correctas y las casas de Hermandad sin un grupo de hermanos que, con las precauciones apropiadas y estrictas, se puedan reunir para pasar un rato de tertulia o participar de una charla de formación, por ejemplo?

Es que es muy fácil dejarnos llevar por la marea de lo fácil y ahora, más que nunca, es el momento de reinventarnos, de escudriñar en nuestros corazones el modo de seguir llevando el Rocío, la devoción a la Virgen, la solidaridad y los actos más allá de las pantallas de móviles, ordenadores y redes sociales.

¡Estamos vivos! No podemos sumergirnos en el miedo, porque el cristiano tiene que estar abierto a los signos de los tiempos. El cristiano siempre ha sido luz en medio de la oscuridad. No cerremos las puertas a cal y canto. Actuemos con sensatez, con responsabilidad, con cordura… Sigamos a pies juntillas todas y cada una de las medidas que se nos piden, pero no cerremos puertas.

Si tenemos que adaptar el horario de nuestras reuniones, adaptémoslo.

Pero por qué se va a privar un rociero de celebrar físicamente su misa de Hermandad. Si solo caben diez en una capilla, que sean diez los que asistan. Si no pueden los mayores, algún joven habrá que diga “aquí estoy yo” y guarde la debida compostura y la rigidez que debemos tener todos ante la pandemia, pero cerrar no, por favor. Abrir, siempre abrir.

Se nos necesita. Urge nuestra presencia como el comer. Que se nos vea, porque dándole paso al miedo, estamos dejando de lado nuestra fe. Privando a los hermanos de sus misas de Hermandad, estamos dejando de lado el más importante de los banquetes… Y tantos, tantos ejemplos que podría seguir poniendo y que me llevan al mismo pensamiento: ¿No estaremos utilizando la pandemia para, bajo la escusa del bien de los hermanos, quitarnos responsabilidades?

Todo es difícil ahora para todos. Pero no cojamos el camino fácil, que los cristianos, los rocieros sabemos bien de caminos estrechos, ese del que El Pastorcito nos dice que es el camino seguro.

Con responsabilidad, con empatía y con fe todo es posible. Y nosotros confiamos en Ella y en el que Ella lleva en sus manos, en sus benditas manos, donde siempre estamos a salvo.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es