Desear felicidad



El mayor deseo de toda persona es ser feliz.
Cuando lea mi editorial de periodicorociero.es (Periódico Digital Rociero), recuerde que usted tiene el derecho a lograr la felicidad en su vida, pero no para apropiársela, sino para donarla al resto del mundo.

Desear felicidad es una de los dones más hermosos que se pueden tener. Desear el bien al otro, pensar en alguien más que en ti mismo, querer para los demás las bendiciones de Dios... Las personas que viven el Amor hasta éste extremo son, sencillamente, diferentes.

Hay quien piensa que el derecho a ser feliz justifica saltar por encima de la infelicidad del prójimo. ¡Qué grave error! Quien hace esto no puede ser feliz jamás en la vida. Tendrá placeres, alegrías momentáneas, fiestas con “subidones” repentinos de adrenalina, pero no sabrá la intensidad de la felicidad plena con la que se supera todo: los buenos y los malos momentos, la tempestad y la calma, la pobreza y la abundancia, la salud y la enfermedad, la vida y también la muerte.

La felicidad es un estado legítimo del corazón, propiedad de toda persona desde el momento en que es engendrado y que se revela en plenitud sólo a aquellos que son capaces de descubrirla en su interior y no en lo externo, lo superficial y lo material.

Pierden el tiempo aquellos que la buscan, porque la llevamos dentro.

No puede ser feliz quien deja a su padre o su madre en un hospital para buscar la felicidad en una fiesta. No puede ser feliz quien sabe que un hijo o una hija sufre y martirizarlos con sermones inútiles en lugar de tenderle una mano aunque eso le prive de otros beneficios. No puede ser feliz quien ignora a un hermano. No puede ser feliz quien va dejando en la cuneta a los que un día fueron amigos...

Pero cuánta felicidad reciben los que dan sin esperar nada a cambio, los que sonríen para que otros no sufran, los que saturan tus oídos de halagos y no de reproches ni exigencias, los que antes de contarte que durmieron mal se preocupan de saber si tú dormiste bien, los que abrazan, los que animan, los que empujan contigo para que tus proyectos, -en los que crees-, salgan adelante, los que te tienden la mano para lo que necesites, los que respetan tus decisiones, los que darían hasta lo que no tienen para que sigas escalando hasta alcanzar la meta y están arriba para recibirte y compartir tu triunfo que sienten como suyo.

Cuando miramos los ojos de la Virgen del Rocío, que nos producen tanto sosiego, podemos ver claramente en ellos, que permanecen descansando sobre su Hijo, que su Felicidad fue la del Pastorcito, la de entregarse y abandonarse con confianza en Aquel que le había dicho: “Yo te necesito a Ti”. No pensó en Ella por eso es Feliz y por eso lo dijo con rotundidad en el Magníficat: “Me felicitarán todas las generaciones”.

Cada vez que la contemplamos nos está recordando que Dios nos creó para que fuéramos felices y nuestro derecho a serlo, y nos hace ese regalo, continuamente, allá en la intimidad ante su reja.

La felicidad es un don y como don hay que recibirla y donarla, enviarla y llevarla a los demás. No hacerlo te llena de vacíos y practicarlo hace que tus vacíos dejen de perturbar tu corazón.

...Ese es el secreto auténtico para ser feliz.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es