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title: "Las cosas de la Virgen"
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date: 2026-08-10
modified: 2026-08-10
author: "periodicorociero"
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# Las cosas de la Virgen

**DIRECCIÓN PERIÓDICO ROCIERO | Francisca Durán Redondo | **A veces guardamos silencio frente a un altar porque las palabras no nos alcanzan para explicar lo que llevamos en el corazón. Llegamos al santuario con los hombros cansados, con una petición que casi da vergüenza pronunciar en voz alta por miedo a que sea un imposible, y se la entregamos a Ella en el secreto de nuestra oración.

Le confiamos la salud de un hijo, el regreso de un hermano, la paz en un hogar que se rompe o, simplemente, la fuerza necesaria para levantarse al día siguiente cuando las fuerzas flaquean por completo. Lo dejamos allí, a sus pies, mirando su rostro sereno y ese Niño que sostiene en sus brazos como el mayor de los tesoros, y regresamos a la rutina diaria con la sensación de que el cielo queda demasiado lejos.

El tiempo transcurre y la vida sigue su curso con sus días grises y sus mañanas de sol. Entonces, una tarde cualquiera, sucede algo que lo cambia todo. Un teléfono suena con una buena noticia médica, un abrazo esperado ocurre en el zaguán de casa después de años de distancia, o esa angustia económica que quitaba el sueño se disuelve de la forma más inesperada.

Al principio lo llamamos suerte. Nos convencemos de que ha sido una coincidencia, un golpe de fortuna o el resultado lógico del destino. Pero cuando la calma regresa a la mesa y miramos hacia atrás en la tranquilidad de la noche, una certeza nos sacude por dentro y nos hace derramar una lágrima de pura gratitud.

No fue el azar. Fue Ella. Es en ese instante preciso cuando caemos en la cuenta de cómo actúan las cosas de la Virgen. Su manera de socorrernos nunca viene acompañada de grandes señales espectaculares, sino con la discreción absoluta de una madre que conoce los desvelos de sus hijos antes incluso de que se los comuniquen.

La Madre de Dios toma nuestras súplicas más desesperadas, las acuna junto al Pastorcito Divino y las transforma en una intercesión callada y constante ante el Altísimo. Ella es la verdadera artífice de los milagros cotidianos, esa presencia invisible que mueve los hilos de nuestras vidas para que los sueños más puros que le confiamos de rodillas se conviertan, por fin, en una hermosa realidad.

Reconocer su mano en lo bueno que nos pasa nos vuelve más humanos, más cristianos y, por supuesto, más rocieros.

Quien se sabe mirado y protegido por esa Madre no puede cerrar los ojos ante el sufrimiento ajeno; la devoción real se demuestra abriendo los brazos al que no tiene nada, devolviendo en caridad un poquito de todo el amor que recibimos de su altar.

No busquemos explicaciones complejas ni lógicas humanas para entender cómo se resuelven nuestros problemas más graves. Al final, la fe más hermosa y sincera reside en aceptar con la humildad de un niño que, cuando todo parecía perdido, hubo una mirada llena de compasión en la marisma que jamás nos dejó solos y que lo solucionó todo de la manera más tierna posible.

 

**Francisca Durán Redondo**

**Directora de periodicorociero.es**
