Más agradecimiento no nos cabe en el pecho, ni más felicidad por la alegría de Jesús Resucitado entre nosotros. Porque como dice el verso “Resucitó por siempre, mi amor y mi esperanza”.
Ha resucitado, sí. Los cristianos estamos de fiesta, no fue en vano nuestra fe, Jesús vive para siempre y sigue haciendo milagros hoy, ahora.
Para los rocieros, que habitualmente contamos cuántos días quedan para el Rocío, hoy comienza la cuenta más especial, la de los cincuenta días para la celebración de la venida del Espíritu Santo que, como ocurriera hace veintiún siglos, recibiremos junto a la Virgen y, en nuestro caso, en el caso de la devoción rociera, lo haremos alrededor de la imagen de la Virgen del Rocío.
Hoy es domingo de Resurrección, domingo de luz, domingo de fiesta, domingo del Señor, domingo de alabanzas, domingo de Regina Coeli…
La fiesta que debemos sentir en el corazón debería permanecer inamovible contra viento y marea. Da igual cuánto pretenda tumbarnos el viento, o cuánto cubrirnos las olas impetuosas, la fiesta del corazón por Jesús Resucitado es superior a toda tristeza, está por encima de cualquier tempestad. Es la fiesta de la paz, del consuelo, del abrazo…
Y en ese abrazo de alegría nos dejamos acurrucar, descansando en el corazón de la Virgen, que todo lo guarda con sigilo y cuidadosamente. En él depositamos hoy, con más seguridad que nunca, nuestros sueños, nuestros proyectos, nuestras ilusiones, nuestros buenos deseos… Hoy impera la alegría que no debes perder por nada en este mundo, que nada ni nadie nos la quite.
Es domingo de Resurrección, el domingo que lo cambia todo para bien, porque Jesús vive entre nosotros, por nosotros y en nosotros. Lo respiramos a Él porque todo está lleno de Él.
Es domingo de Resurrección, amigos, lectores… Y faltan cincuenta días para Pentecostés.
Feliz Pascua del Señor Resucitado.
Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es









